Especialistas de la Universidad de La Serena advierten que factores sociales, económicos, psicológicos y culturales están detrás del aumento sostenido de esta condición y llaman a abordar el problema con una mirada integral.
La obesidad se ha consolidado como uno de los principales desafíos de salud pública en Chile, prueba de ello es que según el informe Panorama de la Salud 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 31% de los adultos del país presenta obesidad, una cifra muy superior al promedio del organismo, que alcanza el 19%.
El problema está asociado a un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer y trastornos de salud mental, afectando significativamente la calidad de vida de las personas.
En este escenario, la nutricionista del Departamento de Salud Estudiantil de la Universidad de La Serena, Angélica Henríquez Cerna, aseguró que “la obesidad es la acumulación excesiva de grasa y es una condición compleja y multifactorial, por lo que no puede atribuirse únicamente a conductas propias de la persona que vive con obesidad”.
Entre los factores alimentarios de mayor impacto se encuentra una baja ingesta de verduras, frutas, legumbres y otros alimentos de alta calidad nutricional, “pero también un alto consumo de productos procesados y de baja calidad nutricional como bebidas azucaradas, embutidos y alimentos con elevada densidad energética”, añadió.
Sumado a esto, la especialista en conducta alimentaria señaló que “en la malnutrición por exceso también influyen factores sociales, económicos y culturales. El ritmo de vida actual favorece el consumo de comidas rápidas, una alimentación más desorganizada y menos tiempo para cocinar. A esto se suman el sedentarismo, el estrés crónico, la falta de sueño y las desigualdades en el acceso a alimentos saludables”.
Según la nutricionista, “para revertir esta tendencia es fundamental promover hábitos sostenibles más que dietas restrictivas, fortaleciendo la educación alimentaria, el acceso a alimentos saludables y la actividad física regular. La evidencia muestra que los cambios progresivos y mantenidos en el tiempo tienen mejores resultados que las estrategias centradas exclusivamente en la restricción o la pérdida de peso”.
Ahondando en esto, Henríquez hizo hincapié en que esta problemática requiere un abordaje integral que combine políticas públicas, educación, prevención y atención de salud.
“Una de las estrategias más importantes es promover hábitos alimentarios sostenibles desde edades tempranas, junto con mejorar el acceso a alimentos saludables, espacios seguros para la actividad física y programas de salud que integren aspectos nutricionales, psicológicos y sociales”, detalló.
Además de esto, recalcó que “es importante avanzar desde un enfoque centrado exclusivamente en el peso hacia uno centrado en la salud y el bienestar, promoviendo conductas saludables que puedan mantenerse a lo largo de la vida y evitando intervenciones que favorezcan la culpa, el miedo, el estigma de peso o una relación conflictiva con la alimentación”.
Un fenómeno multisistémico
En relación a esto, el sociólogo y coordinador General del Área de Formación Integral (AGGDFI) de la Universidad de La Serena, Cristian Blanco, advirtió que “la obesidad en Chile es fundamentalmente el resultado de un entorno obesogénico arraigado en la estructura social, económica y urbana del país, que ha pasado de la desnutrición en la década de 1970 a las altas tasas de obesidad actuales”.
El sociólogo también sostuvo que “la obesidad está fuertemente determinada por la desigualdad de clase y se concentra con mayor fuerza en sectores vulnerables, ya que los alimentos más saludables suelen ser más caros y las clases más acomodadas cuentan con mayor acceso a información nutricional, redes de apoyo y tiempo para cuidar su salud”.
Blanco también dijo que “la transformación laboral, con jornadas extensas y traslados prolongados, ha generado un sedentarismo forzado, lo que reduce la preparación de alimentos frescos y fomenta el consumo de comida rápida y platos listos para servir, además muchos empleos pasaron de requerir esfuerzo físico a desarrollarse principalmente en oficinas y servicios”.
Según el sociólogo, otro de los motivos de este escenario es que “los supermercados han desplazado a las ferias libres, aumentando la disponibilidad de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y carbohidratos, que siguen siendo los más accesibles y rápidos de consumir, a ello se suma que las bebidas azucaradas, los alimentos altos en calorías y el alcohol siguen siendo parte habitual de la socialización”.
La falta de áreas verdes y la inseguridad en los barrios, alertó, “dificultan la práctica de ejercicio, sumado al estilo de vida cada vez más digitalizado, han transformado el tiempo libre en una actividad de gasto energético casi nulo”.
Por otra parte, el psicólogo clínico y académico del Departamento de Psicología de la Universidad de La Serena, Sebastián Maluenda, remarcó que “la obesidad es una condición que trasciende el ámbito físico y tiene repercusiones a nivel psicológico y social. Además, el proceso genera diferentes consecuencias cuando se es un adolescente, un niño o un adulto”.
En línea con esto, el magíster en Psicología explicó que “las personas con obesidad suelen enfrentar estigma, prejuicios y discriminación en ámbitos como la salud, el trabajo, la educación y las relaciones interpersonales, lo que puede generar un mayor malestar en sus relaciones de pareja, familiares e incluso consigo mismas”.
Y en tal sentido agregó que “esto puede generar vergüenza, culpa y baja autoestima, favoreciendo la aparición de problemas de salud mental como depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria. Además la presión de los estándares de belleza y las redes sociales puede favorecer la aparición de ansiedad, depresión, aislamiento social e insatisfacción corporal”.
De acuerdo al psicólogo, “el estigma asociado al peso lleva a muchas personas a evitar la atención médica o limitar su participación en actividades sociales, por eso es fundamental comprender la obesidad desde una perspectiva biopsicosocial, considerando tanto la salud física como la salud mental. La atención no debe centrarse solo en los kilos, sino también en el bienestar y el progreso de cada persona”.
Fuente: Universidad de La Serena