Pedro Carvallo, académico Observatorio Social, Universidad del Alba
Por razones obvias, cuando se habla y discute sobre seguridad, se hace también sobre Carabineros. También por razones obvias, cuando se discute de Carabineros se debería hacer también sobre la dotación y su formación. Ahora último las autoridades han expresado con más frecuencia el problema de la dotación y propuestas sobre la formación, pero —como es común—, ignoran puntos importantes, porque son de largo plazo y complejos. Está bien tener la intención de aumentar la dotación, pero con la intención no basta.
Hay que enfocar la discusión también en factores como la salud mental de los funcionarios, las razones para el éxodo a la seguridad privada y municipal, y en el choque entre las expectativas de las nuevas generaciones y el estilo de vida de una institución de carácter militar. Me quiero detener en esto último, porque es quizá lo más ignorado.
La policía en general, y me atrevo a decir que sobre todo la chilena, genera niveles de sentido de pertenencia institucional que no se ven en otro tipo de ocupaciones. Y esto lo buscan generar a nivel organizacional desde el comienzo: “esto no es un trabajo cualquiera, es un estilo de vida”, les suelen repetir. Los aspirantes y alumnos introyectan ese discurso, y saben que deben hacer sacrificios que otras personas, en otras labores, no hacen. Esto, por un lado, los llena de orgullo, pero por otro, va generando cuestionamientos internos.
Las nuevas generaciones buscan y esperan de sus trabajos elementos particulares, que quizá hace algunos años o décadas estaban en otro lugar en su escala de prioridades. Valoran cada vez más un grato ambiente laboral, poder hacer lo que les gusta, la colaboración y la flexibilidad horaria (ver encuesta del Observatorio Social de la Universidad del Alba). Esto genera discrepancias entre las generaciones, y frustraciones en las antiguas por lo que esperan de las nuevas. En la policía: los más antiguos consideran que los novatos no tienen el carácter suficiente ni el compromiso necesario.
Todo esto incluso si dejamos de lado un factor aún más complicado al hablar de las juventudes: el sentimiento de que los estudios o la formación no son el mejor camino para alcanzar el nivel de vida que se desea.
En esta línea, se han hecho cambios en los últimos años en Carabineros para intentar de atraer a nuevos perfiles. Sin embargo, esto no ha sido suficiente.
Un ejemplo. Dentro de estas medidas está cambiar el rango etario permitido para postular a las escuelas, ampliándolo hasta los 30 años. Se permite el ingreso de más personas, pero ha traído un problema: ingresan personas con estudios superiores completos, por ejemplo, o personas con pareja e hijos del mundo civil. En el primer caso, terminan no adaptándose, porque tienen un contacto profundo con el mundo civil profesional, y no tranzan las libertades que ahí tenían. En el segundo, las condiciones del régimen de las escuelas hacen que sea imposible llevar la vida institucional y familiar al mismo tiempo, y terminan desertando.
La policía también cambia a medida que cambian las sociedades, pero las instituciones jerárquicas siempre cuentan con la inercia de la tradición que les impide hacerlo a la misma velocidad. ¿Cuánta tradición, cuánto cambio?
La formación de policías en nuestros tiempos no tiene soluciones fáciles. ¿Cómo formar policías que sean cercanos y comunes, pero al mismo tiempo tengan una formación que permita aguantar lo que ningún otro podía? ¿Cómo inculcar un estilo de vida a personas con expectativas totalmente diferentes? ¿Es necesario ese estilo de vida para la función policial?
Por lo menos para mí, estas preguntas no tienen respuestas claras. Por eso necesitamos de la investigación y la evidencia, y que estas se discutan entre las diferentes entidades involucradas, mejorando mucho más la comunicación y colaboración que hoy existe entre Estado, sociedad civil y academia. No basta con ofrecer medidas que suenan bien hacia afuera, interpretando a la distancia lo que se cree que las policías necesitan. Hace falta comprender desde dentro, en colaboración entre la academia y las policías, y proponer mejoras factibles y con sentido para los involucrados.
Fuente: We Comunicaciones