Diversos estudios internacionales han detectado sustancias potencialmente problemáticas en productos de higiene menstrual de uso cotidiano. La conversación hoy apunta a la necesidad de mayor transparencia, regulación y alternativas más seguras para la salud íntima femenina.
Especialistas advierten que el acceso a productos, información y condiciones dignas para gestionar la menstruación sigue siendo una deuda pendiente en Chile, donde cerca de un 30% de la población vive este proceso cada mes. A esto se suma una creciente preocupación por los materiales y componentes presentes en productos de higiene menstrual de uso cotidiano.
La composición de estos productos comenzó a instalarse como tema de discusión en distintos países luego de que investigaciones científicas y ambientales detectaron la presencia de sustancias potencialmente problemáticas en artículos como tampones, toallas higiénicas y protectores diarios.
Se estima que una mujer puede menstruar cerca de 450 veces durante su vida, utilizando miles de productos menstruales durante décadas. Por eso, especialistas y estudios internacionales comenzaron a poner atención en los materiales y químicos presentes en artículos que permanecen en contacto íntimo y repetido con el cuerpo femenino durante años.
De hecho, una mujer puede utilizar entre 10 mil y 15 mil productos menstruales desechables a lo largo de su vida, lo que ha llevado a especialistas y consumidoras a cuestionar cada vez más los materiales y químicos presentes en ellos.
Entre los componentes identificados se encuentran derivados del plástico, ftalatos, bisfenoles, fragancias sintéticas, blanqueadores industriales y polímeros súper absorbentes, además de trazas de compuestos asociados a posibles alteraciones hormonales e irritación vulvovaginal.
Investigaciones recientes también detectaron presencia de PFAS, conocidos como “químicos permanentes” por su dificultad para degradarse, en algunos productos menstruales y prendas absorbentes, reabriendo el debate sobre la transparencia y regulación de los materiales utilizados en salud íntima femenina.
“Las personas ya no sólo buscan productos menstruales funcionales, también quieren saber qué contienen y cómo impactan en su bienestar. La transparencia y la información clara se han vuelto fundamentales al momento de elegir”, señala María Jesús Bascuñán, CEO y cofundadora de Meness.
Además de los cuestionamientos sobre composición química, especialistas en salud femenina y dermatología vulvar han advertido sobre cuadros de irritación, alergias y dermatitis asociados al uso de ciertos materiales presentes en productos menstruales, especialmente fragancias, adhesivos, capas plásticas y elementos sintéticos que dificultan la respirabilidad de la zona íntima.
La evidencia clínica disponible indica que muchas mujeres pueden experimentar molestias recurrentes sin necesariamente relacionarlas con los productos utilizados durante el periodo menstrual, lo que ha impulsado una creciente demanda por alternativas consideradas más seguras, respirables y libres de ingredientes innecesarios.
Muchas molestias vulvovaginales recurrentes no necesariamente corresponden a infecciones, sino a procesos irritativos asociados al uso repetido de ciertos productos menstruales, explica Paula Mella, matrona especialista en salud menstrual. “Fragancias, adhesivos y algunos materiales sintéticos pueden alterar el equilibrio natural de la zona íntima, por lo que elegir productos más respirables y con menos ingredientes innecesarios puede favorecer el cuidado de la salud íntima”, dice la profesional.
Si bien la evidencia científica actual no establece una relación causal directa entre estos productos y enfermedades específicas, investigadores y especialistas coinciden en que la exposición prolongada y acumulativa a determinados químicos requiere mayor investigación y regulación.
En paralelo, el mercado de salud femenina comenzó a evolucionar hacia soluciones con menos derivados petroquímicos, menos aditivos y mayor foco en materiales considerados más amigables con la piel y la microbiota vulvovaginal.
“Así como hoy muchas personas revisan las etiquetas de alimentos o cosméticos, esa preocupación también comenzó a extenderse a los productos de higiene personal y menstrual. A nivel internacional ya vemos una evolución hacia materiales más naturales, como bambú, celulosa y algodón, además de alternativas con menos derivados petroquímicos. Las consumidoras ya no buscan solo eficacia, también quieren información clara, seguridad y productos alineados con su bienestar”, enfatiza Constanza Pape, cofundadora de Meness.
La conversación sobre salud menstrual y composición de productos íntimos se suma así a una tendencia global que busca entregar mayor información a las consumidoras, promoviendo decisiones más conscientes respecto a elementos de uso cotidiano que acompañan gran parte de la vida reproductiva femenina.
Fuente: Comunícate 360