De una compañía históricamente ligada a la impresión a una empresa que hoy apuesta por nuevas tecnologías. A un año de su centenario, Dimacofi muestra cómo es posible transformar un negocio sin desconocer su historia y, sobre todo, sin esperar a que el mercado obligue a hacerlo.
Durante décadas hablar de Dimacofi era hablar de impresión, hoy esa definición resulta insuficiente. Robots autónomos, uso de Inteligencia Artificial para eficientar procesos, automatización y nuevas plataformas digitales forman parte de una compañía que en 2027 cumplirá 100 años y que hace tiempo tomó una decisión clave, la de no esperar a que su negocio tradicional dejara de funcionar para comenzar a construir el siguiente.
“Entendimos que no podíamos definirnos por los productos que históricamente habíamos vendido. Teníamos que mirar qué problemas estaban enfrentando nuestros clientes y qué nuevas tecnologías podían ayudarlos a resolverlos”, explica Marisol Arellano, gerente general de Dimacofi.
Ese cambio de mirada ha llevado a la empresa a ampliar progresivamente su propuesta y explorar tecnologías que hace algunos años parecían alejadas de su negocio original.
Uno de los ejemplos más visibles es la robótica, donde Dimacofi ha incorporado soluciones autónomas para tareas de limpieza, logística y atención, entrando a un mercado que comienza a ganar espacio en distintas industrias.
Pero la apuesta no está en sumar tecnología simplemente porque es nueva, sostiene Marisol Arellano. “Una solución tecnológica puede ser muy atractiva, pero si no resuelve un problema concreto, difícilmente genera valor. Nuestro desafío ha sido entender dónde la robótica, la IA o la automatización realmente pueden mejorar una operación”.
De hecho, distintas áreas de la compañía han comenzado a incorporar IA y automatización en sus propios procesos, una experiencia que ha mostrado que la adopción tecnológica depende tanto de las herramientas como de las personas que las utilizan.
“Implementar nuevas tecnologías obliga a revisar procesos, aprender nuevas formas de trabajar y, sobre todo, generar una cultura donde las personas se atrevan a experimentar”, agrega Marisol Arellano.
Innovar sin partir de cero
El camino tampoco ha significado reemplazar un negocio por otro. La impresión y la gestión documental continúan siendo relevantes para Dimacofi y para sus más de 5.000 clientes, la diferencia es que esa relación construida durante décadas hoy permite abrir conversaciones sobre nuevas necesidades.
Ahí aparece una de las principales lecciones de su experiencia, que innovar no siempre significa partir de cero. También puede significar utilizar capacidades existentes, conocimiento del cliente, cobertura, experiencia técnica y servicio, entre otras, para entrar en nuevos mercados.
La compañía destina cerca del 5% de sus ingresos, unos $1.200 millones anuales, a innovación e infraestructura, mientras continúa desarrollando nuevas alianzas, capacidades digitales y proyectos internos para modernizar su operación.
Mirando hacia adelante
En un mercado donde tecnologías y modelos de negocio pueden quedar obsoletos en pocos años, el desafío ya no es solamente celebrar la trayectoria, sino preguntarse cómo seguir siendo relevante.
“Cumplir 100 años tiene valor por nuestra historia, pero nuestra mirada está puesta en lo que viene. No queremos llegar al futuro defendiendo lo que fuimos, sino construyendo lo que tenemos que ser para los próximos años”, proyecta Arellano.
Porque, frente a la velocidad con que avanzan la IA, la automatización y la robótica, ser referente tecnológico no significa correr detrás de cada novedad, sino que detectar los cambios, construir capacidades y atreverse a cambiar incluso cuando el negocio todavía funciona.
Para Dimacofi, esa es probablemente la apuesta más importante de cara a su próximo siglo.
Fuente: 360 Comunicaciones.