- La extensa costa del país y la presencia de más de la mitad de las especies de cetáceos del mundo convierten a Chile en un territorio estratégico para la conservación marina. Especialistas advierten que proteger estos animales también significa resguardar el equilibrio de los ecosistemas y enfrentar los efectos del cambio climático.
Julio, 2026.- Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, una fecha que busca generar conciencia sobre la importancia de proteger a estos mamíferos marinos frente a amenazas como la contaminación, el cambio climático, las colisiones con embarcaciones, la pesca incidental y la degradación de sus hábitats.
En el caso de Chile, la efeméride adquiere una relevancia especial. Con más de 6.400 kilómetros de costa continental y una de las mayores riquezas marinas del planeta, el país alberga alrededor de 43 especies de cetáceos, lo que representa más de la mitad de todas las especies conocidas a nivel mundial. Entre ellas destacan la ballena azul, la ballena jorobada, la ballena franca austral, el cachalote, la orca y diversas especies de delfines.
Más allá de su valor biológico, estos animales desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de los ecosistemas oceánicos. Su presencia contribuye al equilibrio de las cadenas tróficas, favorece el reciclaje de nutrientes y ayuda a mantener la productividad de los océanos, fundamentales para la regulación del clima y la captura de carbono.
Para la decana de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad del Alba, Cecilia Echeverría, la conservación de estas especies es una responsabilidad que trasciende la protección de la biodiversidad.
“Las ballenas y los delfines son especies indicadoras de la salud de nuestros océanos. Cuando protegemos sus hábitats, también estamos resguardando una enorme cantidad de otras especies marinas y los servicios ecosistémicos que sostienen la vida, incluyendo actividades económicas tan importantes como la pesca y el turismo.”
La académica explica que los cetáceos cumplen funciones ecológicas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que resultan fundamentales para el equilibrio ambiental.
“Durante décadas se pensó que estos animales solo eran parte de la biodiversidad marina, pero hoy sabemos que participan activamente en procesos como el transporte de nutrientes y la captura de carbono. Su conservación también es una herramienta para enfrentar la crisis climática.”
Chile fue uno de los primeros países en América Latina en prohibir la caza comercial de ballenas y, en 2008, declaró sus aguas como santuario para estos mamíferos marinos. Sin embargo, los desafíos continúan debido al aumento del tráfico marítimo, la contaminación por plásticos, el ruido submarino y los efectos del calentamiento global sobre los océanos.
En ese contexto, la profesional sostiene que la educación ambiental y la investigación científica son fundamentales para fortalecer la conservación.
“Como país tenemos un patrimonio natural excepcional y una enorme responsabilidad internacional. Conocer estas especies, promover una relación respetuosa con el océano y fortalecer la investigación científica son pasos esenciales para asegurar que las futuras generaciones también puedan convivir con esta riqueza marina.”
La conmemoración del Día Mundial de las Ballenas y los Delfines recuerda que la protección de estos gigantes del océano no solo representa un compromiso con la biodiversidad, sino también con la salud del planeta. En un escenario marcado por el cambio climático y la pérdida de ecosistemas, su conservación constituye una pieza clave para mantener el equilibrio de los mares y los beneficios que estos entregan a toda la humanidad.
Fuente: We Comunicaciones