La Encuesta de Salud Menstrual 2025 revela que el 63% ha dejado de realizar actividades mientras menstrúa, una situación que abre el debate sobre el impacto de los síntomas menstruales y las condiciones para una adecuada gestión menstrual en colegios y lugares de trabajo.
La menstruación continúa afectando la vida cotidiana de millones de mujeres más allá de los días del ciclo menstrual. Así lo evidencia la Encuesta de Salud Menstrual 2025, que reveló que un 63% de las mujeres ha dejado de realizar actividades sociales mientras menstruaba, reflejando el impacto que los síntomas físicos, las molestias asociadas y las barreras sociales siguen teniendo en su bienestar y participación diaria.
Los resultados muestran que la menstruación todavía condiciona la forma en que muchas mujeres desarrollan sus actividades habituales. A ello se suma que un 37% reconoce haber ocultado que estaba menstruando y un 32% afirma haber sentido vergüenza por hacerlo. Las cifras son aún más altas entre mujeres de 18 a 24 años, grupo donde el ocultamiento y las restricciones asociadas a la menstruación presentan una mayor prevalencia.
Especialistas señalan que estos datos permiten observar una realidad que suele permanecer invisibilizada: la menstruación puede afectar la asistencia a clases, el desempeño académico y laboral, así como la participación en actividades cotidianas cuando no existen condiciones adecuadas para enfrentar síntomas como dolor, fatiga o malestar físico.
“El dolor menstrual, la fatiga, los cólicos, los mareos y los cambios de ánimo pueden afectar significativamente la calidad de vida, el rendimiento y la asistencia laboral o académica. No se trata de falta de compromiso, sino de síntomas reales que muchas personas menstruantes enfrentan mientras continúan cumpliendo sus responsabilidades. Visibilizar esta realidad es clave para construir entornos más empáticos y preparados para acompañar la salud menstrual”, señala Alejandra Lira, matrona y colaboradora en Meness Concept.
La discusión también pone sobre la mesa la importancia de contar con condiciones mínimas para una adecuada gestión menstrual. La disponibilidad de productos de higiene menstrual, baños adecuados y espacios que permitan afrontar estos días con dignidad son aspectos que cada vez adquieren mayor relevancia tanto en establecimientos educacionales como en organizaciones públicas y privadas.
Aunque la conversación sobre salud menstrual ha ganado visibilidad durante los últimos años, especialistas advierten que persisten brechas que afectan la calidad de vida de mujeres y adolescentes. Una muestra de ello es el proyecto de ley que busca otorgar un permiso laboral por menstruación dolorosa, ingresado en 2023, cuya tramitación permanece sin avances desde junio de 2024. Para expertos, esto refleja que la salud menstrual sigue siendo una materia pendiente en ámbitos como el trabajo, la educación y el bienestar.
María Jesús Bascuñán, cofundadora de Meness Concept, explica: “Mientras el papel higiénico y el jabón son considerados insumos básicos en baños de colegios, universidades y lugares de trabajo, los productos de gestión menstrual siguen siendo una deuda pendiente. Garantizar el acceso a toallas higiénicas y tampones no debería verse como un beneficio adicional, sino como una condición mínima para promover la asistencia, la dignidad y el bienestar de quienes menstrúan”.
La encuesta también identificó que un 11% de las mujeres declara haberse sentido discriminada, rechazada o acosada debido a su menstruación. Entre quienes han vivido estas situaciones, los principales espacios donde ocurren son los lugares de estudio (36%), los lugares de trabajo (34%) y la vía pública (25%).
Para expertos, estos resultados evidencian que la menstruación sigue siendo un fenómeno con consecuencias sociales concretas y que avanzar en educación, acceso y normalización resulta clave para disminuir su impacto en distintos ámbitos de la vida cotidiana.
“Esta encuesta evidencia que la salud menstrual continúa siendo una necesidad insuficientemente abordada en Chile. Cuando miles de mujeres y adolescentes ven afectada su asistencia a clases, su desempeño o su bienestar por falta de acceso a productos, información o espacios adecuados, estamos frente a un desafío social que requiere respuestas concretas. Garantizar estas condiciones básicas es una tarea compartida entre el sistema educativo, los empleadores, las instituciones públicas y el Estado”, indica Constanza Pape, cofundadora de Meness Concept.
Fuente: Comunícate 360