Las disfunciones del piso pélvico pueden afectar desde actividades cotidianas hasta la vida laboral, emocional y social de las mujeres, pero muchas esperan meses por atención especializada. Un Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio de la Universidad San Sebastián busca acortar esa brecha mediante atención interdisciplinaria, articulación con la red pública y formación de estudiantes en casos reales.
El piso pélvico es un conjunto de músculos ubicado en la parte inferior de la pelvis que ayuda a sostener órganos como la vejiga, el intestino y, en las mujeres, el útero. La disfunción del piso pélvico ocurre cuando los músculos y tejidos que forman el piso pélvico no funcionan adecuadamente y pueden estar demasiado débiles, tensos o no coordinarse bien.
Para muchas mujeres, vivir con una disfunción del piso pélvico significa adaptar silenciosamente actividades tan cotidianas como reír, hacer ejercicio o salir de casa. A la incomodidad física pueden sumarse vergüenza, inseguridad y una demora prolongada antes de buscar o recibir ayuda.
Esa realidad está en el origen de Salud pélvica en el territorio, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) que se desarrolla en la Universidad San Sebastián, sede Concepción, al alero del Programa Territorial Hito Más Nutrición Más Vida, de VcM, que busca ampliar el acceso a evaluación, tratamiento conservador y seguimiento de mujeres derivadas desde el Hospital de Lota y los CESFAM La Floresta y Paulina Avendaño.
Según explica Carolina Bascur, directora de la carrera de Obstetricia y líder de la iniciativa, uno de los principales problemas son los tiempos de espera, que pueden extenderse entre seis y 12 meses, en un escenario donde estas patologías no cuentan con cobertura GES. A ello se agregan barreras personales y culturales que retrasan aún más la consulta. La académica advierte sobre “la vergüenza que experimentan muchas mujeres para consultar y la normalización de síntomas que afectan significativamente su vida diaria”.
Una atención que devuelve esperanza
El proyecto contempla la implementación paulatina de una Unidad Interdisciplinaria de Manejo Conservador del Piso Pélvico, con participación de profesionales y estudiantes de Obstetricia y Kinesiología. El modelo incorpora evaluación clínica, ejercicios de fortalecimiento, educación en autocuidado, seguimiento y, cuando corresponde, herramientas como biofeedback o electroestimulación.
La articulación con la red pública permite que los establecimientos identifiquen y deriven a usuarias que están esperando atención, mientras la Universidad aporta infraestructura clínica, especialistas y capacidad formativa. Para Bascur, ese trabajo conjunto permite “ampliar la capacidad de respuesta frente a una demanda que actualmente supera la oferta disponible de atención especializada”.
Esa contribución se vuelve concreto en historias como la de Claudia Silva, usuaria de la Unidad, quien llegó después de años enfrentando una condición pélvica que alteró profundamente su vida cotidiana. “Nunca pensé que operarme me iba a traer tantas consecuencias negativas. Me llevó a perder mi trabajo de tantos años, mi calidad de vida, y estoy sometida a estrés, depresión, miedos y frustraciones”, relata.
En la Unidad encontró un espacio de apoyo y nuevas herramientas para enfrentar su condición. “Me he sentido muy acompañada, muy acogida. Hay momentos donde he llorado, he reído y he sentido la gran calidad humana de este equipo. Me he sentido más segura, con más esperanza”, cuenta. Aunque sabe que su recuperación puede ser parcial, valora los avances alcanzados y asegura que “siento que mi calidad de vida ha ido mejorando un poco más”.
Aprender con personas y problemas reales
La iniciativa también funciona como un espacio formativo para estudiantes que participan en la atención bajo supervisión docente. En Obstetricia, se integran a la evaluación inicial, anamnesis, examen ginecológico y valoración pelviperineal, mientras que estudiantes de Kinesiología acompañan la evaluación funcional, las terapias conservadoras y las actividades educativas.
Brian Muñoz, interno de Obstetricia, reconoce que trabajar directamente con las usuarias le permitió dimensionar aspectos que difícilmente aparecen con la misma fuerza en una clase. “He aprendido la importancia de escuchar activamente, generar confianza y adaptar la atención a las necesidades de cada persona”, explica.
El trabajo interdisciplinario también modificó su manera de comprender la atención en salud. “Cada profesión aporta una mirada diferente sobre la misma situación, y al compartir conocimientos se puede obtener una visión mucho más completa de las necesidades de la usuaria”, explica Brian, quien asegura que la experiencia le permitió entender la atención como un proceso colaborativo y centrado en la persona.
Una de las experiencias que más recuerda fue acompañar a una mujer que mostró avances importantes durante las terapias. Ver cómo recuperaba aspectos de su vida cotidiana le permitió comprender el alcance que puede tener su futura profesión. “Poder ser parte de un proceso que genera cambios positivos y ver a una usuaria feliz con sus resultados es algo que recordaré en mi futuro profesional”, afirma.
Para Claudia Silva, esa posibilidad de recuperar bienestar también puede comenzar por atreverse a pedir ayuda. Desde su propia experiencia, deja un mensaje para otras mujeres que viven situaciones similares. “Que no tengan miedo, que no se avergüencen, que vayan a estas terapias, porque les va a ayudar a mejorar enormemente la calidad de vida”.
Fuente: USS