El aumento de consultas registrado en Estados Unidos reabrió la preocupación por enfermedades como Lyme y el síndrome Alpha-Gal. Investigador de la Universidad de Talca explicó cómo prevenir las picaduras y por qué el escenario norteamericano no puede trasladarse directamente a nuestro país.
Las consultas de urgencia por picaduras de garrapatas aumentaron durante 2026 en Estados Unidos y volvieron a poner el foco en los riesgos asociados a estos parásitos. Así lo detalló el investigador de la Universidad de Talca, Esteban Durán Lara, quien explicó que, debido a que “las temporadas cálidas están siendo más prolongadas, los inviernos están siendo más suaves, además de una mayor actividad física al aire libre, aumenta el contacto con la fauna que podrían ser los potenciales portadores de estas garrapatas”.
Estos parásitos, detalló el especialista, se alimentan de la sangre de animales y seres humanos. Para hacerlo, se adhieren a la piel y pueden permanecer allí durante varias horas o días. Algunas especies de garrapatas pueden transportar microorganismos capaces de causar enfermedades, aunque una picadura no implica necesariamente que exista una infección.
Uno de los cuadros más conocidos asociados a la picadura de este parásito es la enfermedad de Lyme, causada principalmente por la bacteria Borrelia burgdorferi. Puede producir fiebre, fatiga, dolores musculares o articulares y una lesión rojiza que aumenta de tamaño alrededor de la picadura. Sin tratamiento, la infección puede comprometer las articulaciones, el corazón o el sistema nervioso.
Distinto es el síndrome Alpha-Gal, que no corresponde a una infección, sino a una reacción alérgica. En este caso, la picadura de determinadas garrapatas puede sensibilizar al organismo frente a una molécula presente en carnes y otros productos derivados de los mamíferos. Las reacciones pueden incluir urticaria, molestias digestivas, hinchazón y, en casos graves, dificultad para respirar.
Al respecto, el académico recomendó, en el caso de picaduras, consultar a un profesional de la salud cuando el enrojecimiento en torno a la herida provocada por este parásito aumente progresivamente o aparezcan dolores musculares, articulares o síntomas respiratorios.
Para prevenir las picaduras, el especialista aconsejó usar senderos y caminos habilitados, evitar zonas con vegetación alta, utilizar ropa que cubra brazos y piernas y mantener el control veterinario de perros y gatos. Después de realizar actividades al aire libre, también es recomendable revisar el cuerpo, la ropa, los implementos utilizados y las mascotas.
De acuerdo con las recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, si se encuentra una garrapata adherida a la piel, debe retirarse cuanto antes con una pinza de punta fina, sujetándola cerca de la superficie y tirando de manera firme y constante. No se recomienda aplicar aceites, calor, esmalte ni otras sustancias para intentar desprenderla.
Respecto de la situación chilena, el académico recalcó que la presencia de garrapatas no significa que existan las mismas especies, hospedadores, microorganismos o condiciones ecológicas observadas en Estados Unidos. Por eso llamó a “ser cauto con la información que uno entrega y que, por lo pronto, hay que dejar en claro, que no existe una relación directa con lo que está sucediendo allá y la realidad de nuestro país”, sostuvo.
Aunque Chile se encuentra actualmente en invierno y la exposición a las garrapatas suele aumentar durante los meses más cálidos y, en ese contexto, el especialista recomendó anticipar las medidas preventivas, mantener el control en las mascotas y consultar ante la aparición de síntomas después de una picadura.
Fuente: Universidad de Talca