Dormir mal, sentir un cansancio que no mejora con el descanso, estar irritable, tener dificultades para concentrarse o perder el interés por actividades que antes disfrutábamos son señales que pueden pasar inadvertidas mientras las personas continúan trabajando, estudiando, cuidando a sus hijos y cumpliendo con sus responsabilidades. Una persona puede mantener su rutina durante meses y aprender a funcionar con el malestar, por lo que llega tarde a consultar al creer que lo que le ocurre “no es para tanto”, advierte Verónica Aliaga, psicóloga y docente de Adipa.
“Muchas veces el malestar se vuelve parte de la rutina y dejamos de reconocerlo como una señal de que necesitamos apoyo. Nos acostumbramos a dormir mal, a estar irritables, a sentir un cansancio que no mejora con el descanso o a vivir con la sensación de que nunca podemos bajar la guardia”, señala.
La especialista plantea que tampoco basta con observar si una persona sigue cumpliendo con sus obligaciones. “Alguien puede responder a todas sus responsabilidades y, al mismo tiempo, estar dejando de descansar, disfrutar o sentirse conectado con su propia vida”.
Por ello, recomienda mirar qué cambió respecto de cómo se sentía habitualmente, cuánto tiempo lleva ocurriendo y cuánto esfuerzo le está significando sostener el día a día. Si los cambios persisten, aumentan o generan sufrimiento, plantea que es momento de considerar la búsqueda de apoyo. “No necesitamos llegar al punto de no poder más para tomar en serio lo que nos pasa”, afirma.
Una de cada cuatro personas de 30 a 39 años se siente sola
La dificultad para reconocer el propio malestar también puede estar relacionada con la forma en que se viven los vínculos. De acuerdo con el Termómetro de Salud Mental de la Pontificia Universidad Católica, una de cada cuatro personas entre 30 y 39 años en Chile se siente sola.
Para la docente de Adipa, este fenómeno no se explica simplemente por estar físicamente sin compañía. “Podemos tener pareja, familia y una vida social activa, y aun así sentir que no hay espacio para hablar honestamente de lo que nos pasa. La compañía no siempre se traduce en conexión emocional”, explica.
La soledad persistente puede aumentar el malestar emocional y, al mismo tiempo, quienes atraviesan ansiedad o depresión pueden tender a aislarse, dejando de buscar compañía o teniendo mayores dificultades para conectar con otros.
Por eso, señala, además de preguntarse cuántas personas rodean a alguien, es necesario observar cómo vive esos vínculos: si se siente escuchado, si puede expresar lo que le ocurre sin temor a ser juzgado y si tiene a quién recurrir cuando necesita apoyo.
El temor a ser juzgado también retrasa la consulta
Reconocer que algo no anda bien tampoco garantiza que una persona busque ayuda. Entre las razones para postergar una consulta aparecen la vergüenza, el miedo a ser juzgado y la idea de que pedir apoyo significa no ser suficientemente fuerte para resolver los problemas por cuenta propia.
A esto se suma la tendencia a minimizar el propio sufrimiento. “Hay personas que están peor”, “seguro se me va a pasar” o “no es nada grave” son algunas de las ideas que pueden llevar a desatender un malestar que ya se mantiene en el tiempo.
También existen barreras concretas, como el costo de la atención, la disponibilidad de profesionales, la falta de tiempo y las responsabilidades laborales o de cuidado.
“Postergar la ayuda no siempre refleja falta de interés por estar mejor. A veces necesitamos que alguien nos escuche, nos ayude a encontrar opciones o facilite ese primer contacto”, plantea la psicóloga.
En este contexto, el lema del Día Mundial de la Salud Mental 2026, “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambios reales”, pone el foco precisamente en la importancia de considerar lo que las personas están viviendo.
Para la especialista de Adipa, escuchar no significa necesariamente tener respuestas. Un primer acercamiento puede ser decir: “te he notado más cansado estos días, ¿cómo estás?”, en lugar de diagnosticar o minimizar lo que ocurre.
“Lo más importante es escuchar. No necesitamos tener respuestas ni soluciones. Una pregunta simple como ‘¿qué necesitas?’ o ‘¿cómo te puedo ayudar?’ suele ser más útil que cualquier recomendación”.
La consulta con un profesional resulta especialmente importante cuando el malestar se mantiene o se intensifica y comienza a afectar el sueño, el trabajo, los estudios o los vínculos. También cuando aparecen cambios importantes en la forma de relacionarse o consumo de alcohol u otras sustancias para aliviar lo que se siente.
Ante expresiones de hacerse daño, no querer vivir o desaparecer, la recomendación es buscar ayuda de inmediato. En Chile está disponible la línea de prevención del suicidio *4141, además de los servicios de urgencia.
“Esperar a no poder más no nos hace más fuertes. Solo hace más largo el camino de vuelta”, concluye la especialista.
Fuente: Comunícate 360