- El Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio Fitoterapia y Autocuidado III – Creando junto a la comunidad, da continuidad al trabajo desarrollado desde 2024 entre la Universidad San Sebastián y el CESFAM Dr. Aníbal Ariztía. En esta nueva etapa, estudiantes, académicos y usuarios avanzan en la mantención del huerto medicinal, actividades educativas y nuevas herramientas para promover el uso seguro de plantas medicinales.
El huerto medicinal Cosechando Salud vuelve a ser un punto de encuentro para los usuarios del CESFAM Dr. Aníbal Ariztía, de Las Condes. Lo que comenzó con la recuperación de un espacio que había quedado abandonado durante la pandemia hoy suma talleres, actividades prácticas y nuevas herramientas para acercar información confiable sobre plantas medicinales a la comunidad.
El trabajo comenzó en 2024 y actualmente se encuentra en su tercera versión. Rodrigo Pérez, líder de la iniciativa y académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad San Sebastián, explica que luego de recuperar físicamente el huerto aparecieron nuevos desafíos. “Identificamos tres necesidades importantes que nos llevaron a continuar este trabajo, la falta de un plan de mantención del huerto, la carencia de actividades teórico-prácticas que contribuyeran a fortalecer los conocimientos de la comunidad del CESFAM sobre el uso y aplicaciones de las plantas medicinales, y la ausencia de una fuente de información accesible para la comunidad”.
Fitoterapia y Autocuidado III – Creando junto a la comunidad, es un Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) de la Universidad San Sebastián desarrollado junto al CESFAM Dr. Aníbal Ariztía, en el que participan estudiantes y académicos de Química y Farmacia, Bioquímica e Ingeniería Civil Informática, además de profesionales y usuarios del centro de salud.
Resolver dudas desde la evidencia
Entre las acciones contempladas se encuentran talleres de fitoterapia, el desarrollo de un producto cosmético en base a plantas y una aplicación web que permitirá acceder a información con respaldo científico. La comunidad participa además en la definición de acciones para la mantención del huerto y en distintas etapas de las actividades propuestas.
El interés por las plantas medicinales forma parte de las consultas que reciben los profesionales del CESFAM. Según Aileen Rodríguez, química farmacéutica del centro de salud, los usuarios las utilizan principalmente como complemento de sus tratamientos farmacológicos y buscan orientación respecto de sus beneficios y posibles riesgos.
Entre las inquietudes que han surgido entre los usuarios, Rodríguez menciona “si una planta medicinal puede utilizarse de manera segura junto con los medicamentos prescritos por el médico, si puede generar interacciones o efectos perjudiciales para su salud y también si determinadas plantas pudiesen utilizarse como reemplazo de una terapia farmacológica”. A esto se suma la preocupación de la propia comunidad por distinguir información confiable de contenidos sin respaldo científico que circulan, entre otros espacios, en redes sociales.
En ese contexto, Rodríguez destaca que el trabajo conjunto ha permitido recoger las inquietudes de los usuarios y transformarlas en instancias educativas. “La participación de profesores y estudiantes ha buscado fortalecer la capacidad de los usuarios para tomar decisiones informadas y prevenir usos inadecuados de las plantas medicinales”.
La futura aplicación web busca ampliar ese acceso a información, permitiendo que usuarios y familiares puedan consultar contenidos sobre plantas medicinales cuando lo necesiten.
Aprender junto a los usuarios
La experiencia también permite que los estudiantes lleven conocimientos adquiridos en la sala de clases a situaciones concretas. En el caso de Química y Farmacia y Bioquímica, han participado en la investigación y elaboración de material educativo, mientras que Ingeniería Civil Informática aporta al desarrollo de la herramienta digital.
Javiera Buscaglia, estudiante de Química y Farmacia, participó en la búsqueda de información para talleres sobre recolección, secado y almacenamiento de plantas, preparación de infusiones y decocciones y posibles interacciones con enfermedades y medicamentos de uso crónico.
El contacto directo con los usuarios también le permitió valorar conocimientos que muchas veces han sido transmitidos entre generaciones. “Aprendí que nuestro rol no es llegar a imponer la ciencia, sino escuchar con empatía, adaptar el lenguaje para que sea claro y sumar la parte de seguridad, fomentar el aprender e informarse sin desmerecer sus costumbres”.
Uno de los próximos pasos será avanzar en un equipo conformado por participantes de la comunidad que pueda asumir responsabilidades en la administración y mantención del huerto y contribuir a su continuidad en el tiempo. Para Javiera, esa experiencia también ha reforzado el sentido de su propia formación profesional. “Ver con mis propios ojos que el trabajo que hacemos puede ayudar aunque sea a una persona, mantiene la fuerza y la ilusión de continuar”.
Fuente: USS