Estudiantes de Medicina Veterinaria y Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián diseñan e implementan talleres prácticos de microbiología para niños y jóvenes de la Escuela Hospitalaria Fundación Nuestros Hijos y Corpameg, adaptando contenidos científicos a sus edades, condiciones de salud y formas de participación.
Explorar microorganismos o aprender sobre higiene e inocuidad son experiencias habituales en la formación científica. En una escuela hospitalaria, sin embargo, estas actividades requieren adaptar materiales, tiempos y metodologías a estudiantes con distintas edades, trayectorias educativas y condiciones de salud.
Precisamente para propiciar esas condiciones, la Universidad San Sebastián desarrolla el Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) Microbiología aplicada en contextos de cuidado: una experiencia educativa en aula hospitalaria, con la participación de las carreras de Medicina Veterinaria y Tecnología Médica, junto a la Escuela Hospitalaria Fundación Nuestros Hijos y Corpameg, ubicada en el Hospital Exequiel González Cortés.
Ivania Cortés, académica VcM de Medicina Veterinaria de la USS y líder del proyecto, explica que la iniciativa busca mantener abiertas las oportunidades de aprendizaje incluso durante una enfermedad. “Este proyecto surge de la convicción de que los niños, niñas y jóvenes deben poder seguir explorando, haciendo preguntas y aprendiendo ciencias aun cuando atraviesan un proceso de enfermedad”, explica la académica.
Ciencia adaptada a cada estudiante
En este contexto, las actividades combinan experimentación, observación y contenidos vinculados con situaciones cotidianas. Uno de los principales desafíos es que una misma actividad pueda funcionar con estudiantes de diferentes edades y condiciones. Por eso, las experiencias permiten participar de distintas formas, desde observar o formular hipótesis hasta manipular materiales, siempre considerando la bioseguridad, los tiempos y el bienestar de cada participante.
Marlies Cárdenas, profesora de Ciencias Naturales de la Escuela Hospitalaria Fundación Nuestros Hijos, trabaja con estudiantes desde quinto básico hasta enseñanza media. Para ella, estas experiencias tienen “un valor enorme, porque les permite acercarse a la Ciencia de una manera concreta y significativa”.
La realidad de una escuela hospitalaria también exige flexibilidad en los espacios. Cuando los estudiantes no pueden asistir al aula, las clases pueden realizarse en sala-cama. Por eso, las actividades deben ser capaces de ajustarse a distintas situaciones sin perder su propósito educativo.
Llevar la experiencia hasta el hospital
“Que podamos acercar estas experiencias hasta ellos significa que sus condiciones de salud o el espacio en que se encuentren no sean una limitación para experimentar, hacerse preguntas y seguir aprendiendo Ciencias”, explica Cárdenas. Una de las actividades permitió, por ejemplo, trabajar directamente con agar y medios de cultivo.
Según la docente, este tipo de experiencias logra captar rápidamente la atención. Los estudiantes participan, hacen preguntas y se involucran de una manera distinta a una clase únicamente teórica. Esa curiosidad es precisamente uno de los elementos que el proyecto busca mantener activos durante su proceso educativo.
El proyecto también involucra a estudiantes de la Universidad San Sebastián, quienes preparan y desarrollan actividades sobre microorganismos, higiene, inocuidad y prevención de agentes infecciosos. El desafío incluye transformar conocimientos técnicos en explicaciones comprensibles y cercanas para niños y jóvenes.
Aprender a comunicar lo que se sabe
Catalina Arredondo, estudiante de Medicina Veterinaria USS, reconoce que la experiencia amplió su mirada sobre la profesión. “Este tipo de actividades me ha permitido ver que la Medicina Veterinaria también tiene un rol importante fuera de la consulta clínica o del trabajo directamente con animales”.
La estudiante destaca que el contacto con la comunidad hospitalaria también le ha permitido aprender a comunicar conocimientos científicos, escuchar y adaptarse. Para ella, la formación profesional incluye la capacidad de transmitir lo aprendido y poner ese conocimiento al servicio de otras personas.
Cortés destaca que ese intercambio también es parte central de la formación universitaria. “En Vinculación con el Medio el conocimiento se construye en diálogo: nosotros aportamos herramientas científicas y la escuela nos enseña cómo hacerlas pertinentes para su contexto”, sostiene la académica. La iniciativa se articula, además, con el Programa Territorial Hito (PTH) Más Niñez y Adolescencia Saludable, de VcM, en una línea orientada a educación inclusiva, bienestar y desarrollo de capacidades en comunidades vulnerables.
Un aprendizaje en ambas direcciones
Esa experiencia también ha llevado a los estudiantes USS a mirar de otra manera los conocimientos que adquieren en la carrera. Arredondo reconoce que participar en el proyecto le permitió salir de una lógica centrada únicamente en los contenidos y comprender el alcance que puede tener compartirlos con otros, especialmente en un contexto distinto al habitual.
“Me quedo particularmente con la idea de que el conocimiento científico no debería quedarse dentro de la universidad. Poder compartir lo que hemos aprendido y ver que eso genera curiosidad y entusiasmo en otros me hizo entender que nuestra formación también tiene un componente de responsabilidad social”, concluye la estudiante.
Fuente: USS