- Ante el impacto generado por los sistemas frontales, el equipo de conservación del Parque Tricao explica cómo la flora y la fauna activan sofisticados mecanismos de defensa y adaptación.
Santo Domingo, 22 de julio de 2026.- Las precipitaciones extremas y ráfagas de viento de las últimas semanas han puesto a prueba a distintas zonas del país. En medio de esta contingencia climática, los ecosistemas silvestres despliegan mecanismos de adaptación que muchas veces pasan desapercibidos para las personas. Lejos de detenerse, la naturaleza entra en una etapa de alta actividad biológica.
“Cada especie tiene estrategias distintas para enfrentar el frío, la lluvia y la menor disponibilidad de alimento. Algunas disminuyen su actividad, otras cambian su comportamiento o su metabolismo, mientras que el entorno aprovecha esta temporada para recuperar agua, reciclar nutrientes y prepararse para el nuevo ciclo de crecimiento que llega con la primavera”, explica Agustín Fuentes, médico veterinario de Parque Tricao.
Hibernación express y pelajes impermeables
Ante las bajas temperaturas, los mamíferos presentan realidades opuestas. La yaca, un pequeño marsupial nativo, tiene la capacidad de entrar en un estado de letargo conocido como “torpor”. “Es un mecanismo similar a una hibernación de corta duración y una de las adaptaciones más llamativas de nuestra fauna, que les permite disminuir drásticamente su temperatura corporal, frecuencia cardíaca y metabolismo para ahorrar energía”, precisa el experto.
Por el contrario, los roedores como el coipo, siguen activos gracias a su espeso pelaje impermeable y su capacidad de adaptación a ambientes acuáticos, que les permite desplazarse y alimentarse en las lagunas, esteros y humedales sin que el frío llegue a su piel.
¿Por qué las aves se ven más gorditas?
Existe el mito de que las aves se esconden en sus nidos para no mojarse, pero la realidad es otra. Durante las lluvias buscan refugio en la vegetación más densa y literalmente inflan sus plumas. “Pareciera que están más gorditas, pero en realidad, lo que hacen es atrapar una capa de aire entre las plumas, generando un excelente aislamiento térmico que les permite conservar el calor corporal”, aclara el veterinario.
En esta época, el parque se convierte en un santuario que atrae a especies raras en la zona central, como el pato negro y pato gargantillo, quienes lo eligen como su refugio invernal, convirtiéndose en un punto de interés para los observadores de aves.
El momento de los anfibios
Mientras muchas especies se resguardan, como los reptiles e insectos, los días de lluvia intensa son el escenario ideal para los anfibios, quienes suelen mantenerse ocultos para no perder la humedad. “La alta humedad ambiental les permite desplazarse con seguridad y muchas especies aprovechan estas condiciones para reproducirse en humedales, quebradas y pozas temporales”, destaca Agustín Fuentes.
Durante los temporales aumentan considerablemente los avistamientos de especies como la rana chilena y el sapito de cuatro ojos en las cercanías de esteros y quebradas.
Una esponja natural gigante
La vegetación de los humedales frena la velocidad de las corrientes de agua y disminuye el riesgo de erosión, mientras que las raíces y rizomas generan un entramado subterráneo que afirma el suelo y evita desprendimientos. “El humedal funciona como una gran esponja. El agua se infiltra y es absorbida tanto por el suelo como por los tallos, quedando almacenada para ser liberada gradualmente a medida que las lluvias disminuyen”, profundiza el experto en conservación.
Esto permite que este ecosistema recupere parte de su dinámica natural y retenga grandes volúmenes de agua y filtre los sedimentos, reduciendo el impacto de las inundaciones. Además, el aumento en la disponibilidad hídrica mejora de inmediato el hábitat para aves acuáticas, anfibios e innumerables invertebrados, permitiendo juntar invaluables reservas de agua dulce, un servicio ecosistémico de alta importancia para todo el entorno.
Hongos recicladores y bosques ahorradores
El viento de los sistemas frontales bota ramas y hojas, material que es rápidamente procesado por los hongos. Ante el aumento de humedad, los hongos que viven bajo tierra asoman a la superficie para descomponer la materia orgánica muerta y devolver los nutrientes al suelo.
En paralelo, los microporos de la tierra del bosque esclerófilo se llenan de lluvia. Esta agua no es absorbida de golpe por los árboles, sino que queda almacenada en el subsuelo durante meses, asegurando la energía y recursos hídricos que el bosque necesitará para brotar en primavera. “Los árboles no almacenan grandes cantidades de agua, pero sí se recargan y esta recarga los favorece, ya que pueden abrir sus estomas por más tiempo y mejora la fotosíntesis”, concluye Fuentes.
Fuente: Extend