Julio, 2026. Las personas podrán compartir, si así lo autorizan, la información de sus productos financieros entre distintas instituciones para acceder a servicios más personalizados. Ese es el principal cambio que traerá la implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (Open Finance), contemplado en la Ley Fintec, cuya entrada en operación abre una nueva etapa para la industria financiera chilena. facilitando el acceso a servicios más personalizados y promoviendo una mayor competencia e innovación en el sistema.
Con el avance del marco regulatorio, el foco ahora se traslada a la implementación. Bancos, emisores, cooperativas, aseguradoras y otros actores regulados deberán adaptar sus sistemas tecnológicos para cumplir con nuevas exigencias de interoperabilidad, seguridad, trazabilidad y gestión de datos.
Especialistas del sector sostienen que el éxito del modelo no dependerá únicamente del cumplimiento de la normativa, sino también de la capacidad de las instituciones para intercambiar información de manera segura, administrar los consentimientos de los usuarios y garantizar la continuidad operacional de servicios considerados críticos.
“Las finanzas abiertas están dejando de ser una conversación exclusivamente regulatoria para convertirse en una capacidad estratégica para la industria financiera. Quienes logren implementarlas de manera eficiente podrán acelerar la innovación y desarrollar nuevos servicios para sus clientes”, afirma Enrique Álvarez, Deputy Director de Nuek.
Uno de los principales desafíos será integrar procesos que hasta ahora funcionaban de manera independiente, como la autenticación de usuarios, la gestión de consentimientos, la exposición de APIs, la trazabilidad de las operaciones, la gobernanza de los datos y el cumplimiento regulatorio.
Según Nuek, empresa especializada en infraestructura de pagos y finanzas abiertas de Minsait (Indra Group), las instituciones que enfrenten este proceso únicamente como una obligación regulatoria podrían perder oportunidades frente a aquellas que lo incorporen como una herramienta para innovar, fortalecer la colaboración con fintechs y desarrollar nuevos servicios financieros.
“El desafío no consiste solamente en exponer APIs. La verdadera complejidad está en operar un ecosistema de finanzas abiertas de extremo a extremo, integrando seguridad, trazabilidad, consentimientos y cumplimiento regulatorio sin afectar la continuidad de los sistemas críticos”, agrega Álvarez.
La experiencia chilena será observada de cerca por otros países de América Latina, donde también avanzan iniciativas de Open Finance. Su implementación podría convertir a Chile en un referente regional sobre cómo llevar este modelo desde la regulación a la operación efectiva, impulsando un ecosistema financiero más competitivo, innovador y centrado en las personas.
Fuente: We Comunicaciones