Académico de la Universidad de La Serena analizaron las similitudes del fenómeno que se espera para este año y sus eventuales impactos.
Algunos expertos han advertido que el fenómeno de El Niño 2026 podría presentar similitudes con el histórico evento de 1997 en la Región de Coquimbo, poniendo el foco de la atención en las proyecciones, las que podrían darse hacia fines del invierno y primavera, pero no daría solución a la profunda crisis hídrica ni a la escasez del recurso que arrastra el territorio tras más de una década de sequía estructural.
Con respecto a esto, el director del Laboratorio Laboratorio de Prospección, Monitoreo y Modelación de Recursos Agrícolas y Ambientales (PROMMRA) de la USerena, Pablo Álvarez, explicó que “lo que se compara entre el fenómeno de El Niño de 1997 y el de 2026 es que las temperaturas de superficie y en profundidad del mar frente al Ecuador presentan actualmente un perfil parecido, no obstante se debe tener presente que esa corresponde a una de las variables que determinan los efectos del fenómeno”.
Los pronósticos, añadió, “indican que este Niño podría desarrollarse tardíamente, alcanzando temperaturas altas a muy altas en la superficie del mar en el Ecuador hacia fines del invierno y durante la primavera y el verano, que es cuando normalmente este fenómeno alcanza su mayor intensidad”, señaló.
El Doctor en Gestión de Recursos Hídricos, también detalló que “esto no significa que el desarrollo del fenómeno vaya a ser el mismo. En 1997 la Región venía de una sequía de tres años, mientras que hoy enfrentamos una sequía estructural iniciada en 2010. Llevamos entre 14 y 15 años de déficit hídrico extremo, por lo que la respuesta de las cuencas ante eventuales precipitaciones puede ser menor de lo esperado”.
En línea con esto, el Dr. Álvarez, quien también es director del Consorcio Tecnológico del Agua Quitai-Anko, recalcó que “los embalses están en torno al 11% de almacenamiento y siguen bajando, las tres cuencas de la Región presentan caudales de cabecera en mínimos históricos y los acuíferos continúan con un descenso tendencial negativo, es por esto, que más allá de las proyecciones, hoy enfrentamos una situación hídrica crítica. Eso implica, antes que nada, convivir con un problema de seguridad hídrica que afecta desde el consumo humano hasta las actividades económicas como la agricultura. Es fundamental que desde la administración pública hasta la privada consideren que la condición de sequía estructural nos obliga a planificar pensando en la seguridad hídrica como un aspecto central del desarrollo del territorio ”.
“Al mismo tiempo, la posibilidad de un Niño tardío podría ocurrir con una isoterma cero alta y provocar derretimiento de nieve, o simplemente precipitaciones líquidas que provocan el arrastre de sedimentos en los ríos, lo que también podría afectar la disponibilidad de agua”, agregó.
Ahondando en esto, el investigador advirtió que “podríamos enfrentar problemas de abastecimiento asociados a los sedimentos en los cauces”.
Fuente: U. Serena.