Febrero de 2026.- En una cultura laboral donde estar siempre disponible parece ser la norma, muchas personas continúan trabajando incluso durante su tiempo de descanso. Correos respondidos desde la playa, reuniones “breves” en medio de actividades familiares o la sensación constante de estar atrasados se han vuelto prácticas habituales. Sin embargo, esta desconexión a medias tiene consecuencias directas en la salud mental y en la calidad de los vínculos personales.
“La falta de descanso sostenido impide que el sistema nervioso se recupere. Cuando no existe una pausa real, el cuerpo permanece en un estado de alerta permanente, lo que favorece el desgaste emocional”, explica Pía Mariel, psicóloga de Tarapacá Interclínica. Con el tiempo, este escenario puede derivar en agotamiento, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y un deterioro progresivo del bienestar psicológico.
Relaciones que se resienten
El impacto no se limita al ámbito individual. No tomarse vacaciones o no desconectarse del trabajo también afecta directamente la dinámica familiar. “Cuando una persona está físicamente presente, pero mentalmente absorbida por lo laboral, se resiente la calidad del vínculo con hijos, pareja y entorno cercano. El descanso compartido cumple un rol clave en la regulación emocional y en la construcción de relaciones más sanas”, agrega la doctora Mariel.
Más allá del descanso físico y mental, las vacaciones representan una oportunidad para construir recuerdos y experiencias significativas, especialmente durante la infancia. Cambiar rutinas, compartir tiempo de calidad y vivir momentos de disfrute conjunto fortalece los lazos familiares y deja huellas emocionales que acompañan a lo largo de la vida.
“Para niños y niñas, estos espacios no son anecdóticos: contribuyen a su sensación de seguridad, pertenencia y bienestar emocional. Cuando el tiempo compartido se posterga de manera reiterada, esto puede expresarse más adelante en distancia afectiva o dificultades en el vínculo”, precisa la especialista de Tarapacá Interclínica. Porque el tiempo no se acumula ni se recupera después: se vive cuando está disponible, y los niños lo recuerdan.
El descanso como factor de salud
No tomarse vacaciones está lejos de ser una excepción. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han advertido que el estrés laboral crónico es uno de los principales factores de riesgo para la salud mental en adultos en edad activa, especialmente cuando se combina con jornadas extensas y ausencia de descanso efectivo.
Desde una perspectiva clínica, el descanso cumple funciones fundamentales. “Durante las vacaciones disminuyen los niveles de estrés, mejora la calidad del sueño y se recuperan procesos cognitivos como la atención, la memoria y la toma de decisiones. Todo esto impacta positivamente en el bienestar psicológico y en el desempeño posterior”, señala Nicolas de La Sotta, psicólogo de Cordillera Interclínica.
Pero no basta con marcar la ausencia en el calendario. La clave está en la desconexión real. Mantenerse revisando mensajes laborales o anticipando tareas pendientes limita los beneficios del descanso. “Desconectarse no es desentenderse de las responsabilidades, sino comprender que el descanso también es parte del autocuidado y valoración personal de la salud”, enfatiza el médico.
Promover una cultura que valore las vacaciones beneficia no solo a las personas y sus familias, sino también a las organizaciones. Trabajadores que descansan regresan con mayor claridad mental, motivación y capacidad de adaptación, reduciendo el riesgo de errores y favoreciendo entornos laborales más saludables.
“En un contexto donde el cansancio se ha normalizado, tomarse vacaciones y desconectar de verdad es una decisión de autocuidado”, concluye el especialista, recomendando que se visualice como “una pausa necesaria para volver con mayor equilibrio, presencia y bienestar, tanto en lo personal como en lo familiar”.
Fuente: Impronta