Por Diego Rojas, Country Medical Director Merck Chile.
El comienzo de un nuevo año, siempre marcar el inicio de nuevos propósitos: ordenar la vida, avanzar en lo laboral, alcanzar mayor estabilidad. En ese ejercicio de planificación, la maternidad y la paternidad suelen quedar para más adelante. Después de consolidar la carrera, después de mejorar la situación económica, después de que “todo esté más claro”. Sin embargo, a diferencia de otros proyectos, la biología no se ajusta a los tiempos personales.
La evidencia demográfica muestra que la edad media en que las mujeres tienen a su primer hijo ha aumentado en las últimas décadas. En Chile, por ejemplo, la edad promedio pasó de 22,6 años en 1965 a 29,1 en 2023. Datos comparables de estadísticas vitales muestran que en los países OCDE, la edad promedio al primer parto también ha subido, reflejando una tendencia sostenida al retraso reproductivo. A nivel global, las estimaciones de edad media de maternidad confirman que las mujeres tienen hijos más tarde que en generaciones previas.
Estos cambios demográficos se traducen en que muchas personas y parejas informadas, responsables, descubren tarde que la fertilidad no responde a la voluntad ni al esfuerzo. Disminuye con la edad de forma progresiva y, muchas veces, silenciosa, hasta que el deseo reproductivo aparece cuando el margen de tiempo se agota.
La medicina reproductiva ha avanzado de manera significativa y hoy ofrece alternativas seguras y eficaces. Sin embargo, ninguna tecnología puede revertir por completo el impacto del tiempo sobre la fertilidad, un límite que la evidencia científica sigue confirmando.
Hablar de fertilidad no es imponer decisiones, sino acompañar desde la evidencia. Informarse a tiempo amplía las opciones y permite decidir con mayor libertad. Tal vez ese sea un propósito posible para comenzar el año: informarse para decidir mejor.
Fuente: Voxkom