- En el Día del Profesor, las experiencias de docentes y estudiantes muestran cómo una palabra de aliento, una oportunidad o la confianza en sus capacidades pueden despertar vocaciones y abrir caminos hacia la minería.
El futuro de la minería no depende únicamente de nuevas inversiones, proyectos o tecnologías. También requiere contar con personas capaces de impulsar su transformación. Profesionales y técnicos con habilidades diversas, preparados para enfrentar desafíos que van desde la automatización hasta el cuidado del medioambiente.
Por eso, el desafío no consiste solo en despertar el interés de más jóvenes por la minería, sino en lograr que puedan imaginarse dentro de ella. En ese proceso, los profesores cumplen un rol estratégico a lo largo de toda la formación porque son capaces de reconocer capacidades, amplían horizontes vocacionales, conectan aprendizajes con las oportunidades del territorio y ayudan a derribar la idea de que trabajar en minería se limita a las profesiones tradicionalmente asociadas al sector.
A veces, ese vínculo entre formación y futuro profesional comienza con una frase inesperada. Cuando el profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Jaime Morales preguntó, durante su primera clase universitaria, si alguien venía del norte de Chile, Javiera Quimé Cortés fue la única que levantó la mano. La respuesta del profesor fue inesperada: “Aprobada”.
La anécdota quedó en la memoria de Javiera, hoy ingeniera civil metalúrgica de 26 años. Pero también marcó el inicio de una relación que sería importante durante su formación en esa casa de estudios, donde Jaime Morales dirige la carrera de Ingeniería en Minas, facultad adherente de Compromiso Minero.
A lo largo de su carrera, el académico la motivó a participar en proyectos, ayudantías y actividades vinculadas con la industria minera. Su apoyo también fue importante para enfrentar el desafío de estudiar lejos de su familia y ganar confianza en un sector donde las mujeres siguen abriéndose camino.
“El profesor Jaime siempre me motivó a seguir adelante, a asumir nuevos desafíos y a confiar en mí misma”, recuerda Javiera.
Su historia refleja una influencia que puede ir más allá de los conocimientos que se adquieren en una sala de clases. A veces, el impulso para enfrentar un desafío o atreverse a tomar una oportunidad viene de alguien que reconoce capacidades que uno todavía está aprendiendo a valorar. En una industria que necesita nuevas miradas, esa confianza también contribuye a que personas con distintas trayectorias puedan proyectarse en el sector.
Ese proceso también puede comenzar antes de ingresar a la universidad. En el Liceo Bicentenario Técnico Amancay de Los Andes, Juan Claudio Muñoz lleva cinco años enseñando Ciencias Naturales y Ciencias para la Ciudadanía. Su objetivo es que sus estudiantes descubran sus intereses y encuentren nuevas formas de aplicar lo aprendido.
Desde 2022, el establecimiento forma parte del Modelo Pionero de Anglo American, adherente de Compromiso Minero, una iniciativa que promueve aprendizajes vinculados con desafíos reales. Como profesor mentor, Juan Claudio ha acompañado experiencias relacionadas con la ingeniería, la robótica, la automatización y las ciencias ambientales, disciplinas que también forman parte de los desafíos de la minería actual. Estas experiencias permiten mostrar que la minería actual requiere capacidades que van mucho más allá de las profesiones tradicionalmente asociadas a ella.
“Muchas veces, las vocaciones se despiertan cuando los estudiantes tienen la posibilidad de experimentar, conocer otras realidades y descubrir aplicaciones concretas de lo que aprenden en la sala de clases”, explica.
Para él, el papel de un docente consiste precisamente en abrir esas posibilidades y ayudar a los jóvenes a reconocer sus propias capacidades.
“Ser profesor no es solo enseñar o dirigir una disciplina: es ayudar y ser un puente para que los jóvenes puedan descubrir de lo que son capaces de hacer”, señala.
Esa misma convicción comparte Cristián Sánchez, director de la carrera de Ingeniería en Minas y profesor asociado de la Universidad Central, quien desde la región de Coquimbo busca conectar la formación de sus estudiantes con las oportunidades y desafíos de la minería, una de las principales actividades productivas de la zona.
“Los profesores somos formadores de los futuros profesionales y tenemos la responsabilidad de no solo transmitir conocimientos, sino también de despertar vocaciones, desarrollar competencias y preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los desafíos del mañana”, señala.
Para Sánchez, formar el talento que la industria necesitará implica conectar las competencias de los estudiantes con los desafíos de sus territorios y una minería que requiere nuevas soluciones. “Como profesores, nuestro desafío es conectar la formación académica con la realidad y las oportunidades del territorio, motivando a los estudiantes a comprender que, desde distintas disciplinas, pueden ser protagonistas de una minería más innovadora, eficiente y sostenible”.
Javiera espera dedicarse algún día a la docencia y transmitir a otras generaciones el apoyo que recibió durante su formación. Su decisión muestra cómo la influencia de un profesor puede extenderse en el tiempo y llegar a estudiantes que todavía no conoce.
En el Día del Profesor, estas historias recuerdan que las vocaciones no siempre nacen de una gran decisión. A veces comienzan con una pregunta, una oportunidad o alguien que anima a dar el siguiente paso. Como afirma Javiera, “un buen profesor no solo enseña una profesión, sino que también puede transformar la manera en que una persona enfrenta su futuro”.
Para una industria que necesita nuevas generaciones de profesionales, esas historias también muestran el valor de acercar a los jóvenes a la ciencia, la tecnología y las distintas oportunidades de desarrollo que ofrece la minería.
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