Paolo Soto CEO de Landscape
Con su entrada en vigencia total el 2 de enero de 2026, la Ley de Cumplimiento de Obligaciones Tributarias (COT) instaló una discusión de fondo. Más allá de cuán estricta pueda parecer, la normativa vuelve a evidenciar una problema: por años, muchas pymes han operado sin un orden financiero claro ni una visión real de su desempeño.
La pregunta clave no es si la ley impone mayores exigencias, sino si el ecosistema pyme está en condiciones de operar con información confiable, coherente y plenamente trazable.
La Ley COT eleva los estándares de fiscalización, amplía el control sobre operaciones digitales, importaciones y medios de pago electrónicos, y reduce de forma significativa los espacios para la informalidad. Para algunos, esto representa una amenaza. Para otros, en cambio, la ley abre una oportunidad concreta para ordenar la gestión interna de las pymes y llevar su operación diaria a un estándar más profesional.
Ese orden no es un concepto abstracto. Hoy, más del 98% de las empresas en Chile son pymes, pero una gran parte de ellas no cuenta con una visión clara y actualizada de su flujo de caja, sus ingresos reales o sus obligaciones futuras. Estudios del Banco Central y la CMF muestran que la falta de información financiera confiable sigue siendo una barrera estructural para la toma de decisiones. Sin datos claros, el negocio se gestiona a ciegas.
Este cambio ocurre, además, en un contexto desafiante. Los plazos de pago en Chile se extienden habitualmente a 30, 60 e incluso 90 días en muchos sectores, presionando la gestión diaria de las pequeñas empresas. En ese escenario, contar con información financiera clara, centralizada y en tiempo real deja de ser una ventaja y se convierte en una necesidad operativa básica.
Por tanto, es clave entender que la Ley COT no pone en riesgo a las pymes; pone en riesgo a los modelos de negocio que dependen del desorden para funcionar. Para quienes quieren proyectarse, profesionalizarse y tomar mejores decisiones, la formalización es el punto de partida, no el obstáculo.
La ley ya está en marcha. El verdadero desafío ahora es usar la tecnología para transformar datos dispersos en información útil, automatizar el orden financiero y convertir la trazabilidad en una herramienta de gestión diaria. Porque en un entorno cada vez más fiscalizado y digital, las pymes que no ordenan su información no pierden solo cumplimiento: pierden control sobre su propio negocio.
Fuente: Pilu Comunicaciones