Por Iryna Tkach, vicepresidenta de Experiencia Global de Talento de SoftServe
Durante años, el trabajo híbrido se entendió como una combinación entre oficina y trabajo remoto. Hoy, esa definición quedó atrás. Lo híbrido ya no describe dónde trabajamos, sino con quién trabajamos.
Por primera vez, los equipos incorporan no solo personas, sino también colegas digitales. Agentes de inteligencia artificial que participan en tareas, decisiones y en el ritmo cotidiano del trabajo. No llegaron con anuncios ni grandes planes de implementación. Empezaron redactando mensajes, generando resúmenes y entregando información antes de ser solicitada. Simplemente comenzaron a ayudar.
Ese cambio silencioso marca un punto de inflexión. La inteligencia artificial dejó de ser infraestructura invisible y empezó a formar parte visible de cómo funcionan las organizaciones. En retrospectiva, 2025 será recordado como el año en que la IA entró verdaderamente al mundo laboral como un integrante más del equipo.
La adopción tecnológica avanza con rapidez. Cerca del 23% de las organizaciones ya está escalando sistemas de IA agéntica, mientras que casi un 40% se encuentra en fase activa de experimentación. En paralelo, la presencia de IA generativa en el trabajo cotidiano crece sostenidamente: la proporción de horas laborales que la incorporan pasó de 4,1% a 5,7% en menos de un año.
Sin embargo, la confianza no siempre avanza al mismo ritmo. Aproximadamente solo la mitad de los trabajadores de primera línea utiliza IA de manera consistente, principalmente por falta de claridad sobre cómo integrarla en su rol o cuánto depender de ella. Esa brecha no se explica por la tecnología. Se explica por la cultura.
Las personas adoptan nuevas formas de inteligencia cuando existe seguridad psicológica para aprender y experimentar, y cuando hay claridad sobre propósito, límites, ética y expectativas. Cuando ese marco falta, la tecnología deja de percibirse como un apoyo.
Esta transición redefine los roles humanos. A medida que la IA asume tareas repetitivas y análisis de alto volumen, las personas ganan espacio para la estrategia, la creatividad, la resolución de problemas complejos y la colaboración. Los sectores con mayor exposición a la IA muestran un crecimiento salarial dos veces más rápido y un aumento del ingreso por empleado hasta tres veces mayor que aquellos menos expuestos.
Liberar ese valor requiere acompañamiento, aprendizaje continuo y liderazgo. Hoy emerge un nuevo mandato para Recursos Humanos: diseñar los marcos culturales y éticos que permiten que humanos y sistemas inteligentes trabajen juntos con confianza.
La tecnología seguirá evolucionando rápido. La diferencia estará en quién logre integrarla con claridad, empatía y propósito. Estamos viviendo un momento singular: los últimos en recordar equipos formados solo por personas y los primeros en construir organizaciones donde humanos e inteligencia artificial puedan lograr más juntos.
Fuente: Corpo.