- Por Marisol Arellano, gerente general de Dimacofi
Cada 24 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Parques Nacionales y es una fecha que nos recuerda la importancia de proteger aquello que tiene valor y que una vez perdido puede ser muy difícil de recuperar. Pero esa lógica no debiera limitarse a nuestros ecosistemas naturales, también puede llevarnos a analizar cómo producimos y qué hacemos con aquello que dejamos de utilizar.
Durante años hemos asociado innovación con renovación, equipos más nuevos, más rápidos, más inteligentes, sin embargo, en un mundo que genera cada vez más residuos electrónicos, quizás debamos ampliar esa definición, donde innovar también puede significar hacer que las cosas duren más.
La economía circular propone justamente un cambio en esa lógica. En lugar de una cadena que comienza con la producción y termina con el desecho, plantea un sistema donde reparar, reacondicionar, reutilizar y reciclar sean parte del ciclo de vida de los productos.
En nuestra experiencia en Dimacofi hemos comprobado que esto requiere bastante más que instalar puntos de reciclaje. Implica revisar procesos completos y hacerse responsable de lo que ocurre con un equipo o un insumo incluso después de que deja de cumplir su función original.
Por eso hemos desarrollado procesos de reacondicionamiento de impresoras y equipos multifuncionales, reemplazando piezas defectuosas o desgastadas para devolverlos a condiciones óptimas de funcionamiento y extender su vida útil. Un equipo que puede seguir operando no necesariamente tiene que transformarse en residuo.
Lo mismo ocurre con aquello que efectivamente llega al final de su vida útil. Contamos con logística inversa para el tratamiento de tóner, reciclaje de equipos obsoletos mediante gestores autorizados y participamos en programas como HP Planet para la recuperación de insumos. Desde 2018, además, hemos avanzado en la implementación de las exigencias de la Ley REP y contamos con un sistema de gestión ambiental bajo la norma ISO 14001.
Pero probablemente uno de los aprendizajes más importantes ha sido entender que la economía circular necesita trazabilidad. No basta con decir que algo se recicla, hay que saber qué residuo se genera, cuánto, dónde termina y qué tratamiento recibe.
Solo entre enero y agosto de este año hemos declarado 2.520 kilos de residuos peligrosos y 15.448 kilos de residuos no peligrosos ante los sistemas correspondientes del Ministerio del Medio Ambiente. Medirlos no hace desaparecer el problema, pero permite gestionarlo, establecer metas y tomar decisiones sobre evidencia.
Y ahí existe un desafío que trasciende a una empresa o industria. La transformación digital está poniendo en circulación una cantidad creciente de dispositivos, infraestructura y equipamiento tecnológico, y quizás el próximo gran salto no consista únicamente en desarrollar algo nuevo, sino en aprender a aprovechar mejor lo que ya tenemos.
Fuente: 360 Comunicaciones