Disney, Amazon y Netflix destinan en conjunto cerca de US$66 mil millones al año a contenido. Mientras Cannes concentra las miradas por su alfombra roja, las plataformas compiten por películas, series, deportes, creadores y audiencias para retener a millones de suscriptores.
Mientras Cannes mira hacia la alfombra roja, Netflix, Disney y Amazon miran algo más: las historias, talentos y derechos que podrían convertirse en la próxima serie, película o evento capaz de retener a millones de usuarios frente a la pantalla.
La competencia ya no se trata solo de llenar catálogos. Las grandes plataformas invierten miles de millones de dólares al año para asegurar contenido exclusivo, derechos deportivos, acuerdos con creadores y franquicias capaces de mantener a los usuarios pagando una suscripción mes a mes.
Según un análisis de XTB, esa carrera alcanza cifras multimillonarias: Disney lidera con un presupuesto global de cerca de US$24 mil millones, que incluye franquicias y derechos deportivos. Amazon supera los US$22 mil millones gracias a una estrategia en la que el streaming forma parte del ecosistema Prime. Netflix, en tanto, destina cerca de US$20 mil millones al año para sostener su liderazgo en volumen, alcance y producción original, con un alza en torno a 10% frente al año anterior.
“El streaming dejó de ser solo una forma de ver películas y series. Hoy es una carrera global por atención, datos, derechos y fidelización. Las plataformas invierten cifras enormes porque cada estreno exitoso puede traducirse en suscriptores, permanencia y valor de marca”, explica Ignacio Mieres, head of research de XTB.
La pelea por la próxima suscripción
La presencia del streaming en festivales como Cannes refleja un cambio profundo en la industria. Durante décadas, los grandes estudios marcaron el ritmo del cine. Hoy, compañías que no necesariamente nacieron de la pantalla grande también compiten por los proyectos más codiciados.
Para Amazon, el streaming no funciona como un negocio aislado. Una película o serie atractiva puede ser la razón para que un usuario mantenga su suscripción a Prime, pero también para que siga comprando en la plataforma o usando otros servicios asociados. En ese modelo, el contenido funciona como puerta de entrada a un ecosistema más amplio.
Disney, en cambio, combina cine, streaming, franquicias, deportes y productos derivados. Por su parte, Netflix depende con mayor fuerza de un flujo constante de estrenos para mantener la atención de una audiencia global.
“Los estudios tradicionales siguen teniendo peso cultural, pero las plataformas operan con otra lógica. Para algunas de ellas, una película no es solo una película: es una puerta de entrada a una suscripción, a una franquicia o a un ecosistema completo de consumo”, agrega Mieres.
Ese cambio también lo sienten los usuarios. Más plataformas y más contenido exclusivo han transformado la forma de ver películas, series y eventos deportivos. Lo que antes estaba concentrado en las salas de cine o en la televisión abierta hoy se reparte entre distintas aplicaciones, catálogos y pagos mensuales.
Por eso, la batalla no es solo por estrenar más, sino por evitar que las personas cancelen la suscripción después del estreno de moda. Sagas reconocibles, deportes en vivo, producciones originales y acuerdos con grandes creadores se han convertido en piezas clave para retener a la audiencia.
Para el mercado, el desafío es comprobar si ese gasto se traduce en crecimiento, rentabilidad y control de costos. En una industria más madura, la pregunta ya no es qué plataforma estrena más, sino cuál consigue convertir su inversión en valor a largo plazo.
“Cannes sigue siendo el festival de cine más importante del mundo, pero la pregunta de fondo es quién está liderando realmente la industria. Durante años, la respuesta parecía evidente: los grandes estudios tradicionales. Sin embargo, ese liderazgo ya no les pertenece en exclusiva”, plantea el head of research.
“Hoy, las plataformas de streaming desempeñan un rol cada vez más relevante en la industria. No solo compiten por contenidos y talento, sino que también están redefiniendo los hábitos de consumo: qué vemos, cómo lo vemos y cuánto estamos dispuestos a pagar para acceder a ese contenido. En ese sentido, el poder ya no se concentra únicamente en los grandes estudios, sino también en las compañías que controlan la distribución digital y la relación directa con las audiencias”, concluye.
Fuente: Simplicity.