Ventilar poco la vivienda, secar ropa al interior o ignorar la condensación de las ventanas son algunas de las prácticas que favorecen la proliferación de hongos y ácaros durante el invierno.
Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas personas mantienen las ventanas cerradas para conservar el calor. Sin embargo, esta práctica, sumada al uso de calefacción y al secado de ropa dentro del hogar, favorece la acumulación de humedad y crea las condiciones ideales para la aparición de hongos y ácaros.
Además de afectar paredes, techos, muebles y textiles, estos microorganismos pueden deteriorar la calidad del aire interior y desencadenar alergias, congestión nasal, irritación ocular, crisis asmáticas y otros problemas respiratorios, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
“Durante el invierno es habitual que la ventilación disminuya, pero bastan entre 10 y 15 minutos diarios para renovar el aire y reducir significativamente la humedad acumulada. Muchas veces creemos que el problema es el hongo visible, cuando en realidad el origen está en el exceso de humedad que permanece dentro de la vivienda”, explica Ignacio Affeld desde Mamá Limpiando.
Los lugares donde suele comenzar el problema
Aunque los baños y cocinas suelen ser los espacios más evidentes, la humedad también puede instalarse en lugares poco visibles.
Los especialistas recomiendan revisar periódicamente:
●Detrás de camas y muebles apoyados en muros exteriores.
● Closets y espacios cerrados con poca ventilación.
● Ventanas donde se acumula condensación.
● Lavaderos y logias.
●Colchones, almohadas, alfombras, cortinas y sofás, donde además proliferan los ácaros.
“Muchas veces el problema comienza detrás de un mueble o en una esquina que no vemos habitualmente. Cuando aparecen las manchas, la humedad ya lleva un tiempo instalada”, señala Affeld.
Cinco errores que favorecen la humedad durante el invierno
Entre las prácticas más frecuentes que aumentan el riesgo destacan:
- No ventilar diariamente la vivienda.
- Secar ropa dentro de la casa sin una adecuada circulación de aire.
- No retirar la condensación que se forma en las ventanas.
- Pintar sobre el moho sin eliminar previamente la causa de la humedad.
- Mantener los muebles completamente pegados a los muros, impidiendo la circulación del aire.
A ello se suma la falta de limpieza profunda de colchones, cortinas, alfombras y otros textiles, donde suelen acumularse polvo y ácaros.
Cómo prevenir hongos y ácaros
Para reducir la humedad al interior del hogar, desde Mamá Limpiando recomiendan:
- Ventilar la casa entre 10 y 15 minutos todos los días.
- Secar inmediatamente la condensación de las ventanas.
- Evitar secar ropa dentro del hogar o hacerlo únicamente en espacios bien ventilados.
- Dejar algunos centímetros de separación entre los muebles y los muros exteriores.
- Aspirar periódicamente colchones, sofás y alfombras, además de lavar la ropa de cama con frecuencia.
- Reparar filtraciones apenas sean detectadas.
- Actuar rápidamente cuando aparezcan las primeras manchas de moho.
Cuando el hongo ya hizo su aparición, no basta con limpiar la mancha visible. Lo fundamental es utilizar productos adecuados que eliminen el moho y, al mismo tiempo, corregir la causa que origina la humedad para evitar que vuelva a aparecer.
“Para manchas superficiales recomendamos soluciones específicas a base de agua oxigenada, que ayudan a remover el moho y desinfectar la superficie sin dejar residuos agresivos. En superficies compatibles también puede utilizarse percarbonato de sodio, ya que libera oxígeno activo y contribuye a una limpieza efectiva”, explican desde Mamá Limpiando.
Asimismo, advierten que uno de los errores más peligrosos es mezclar productos de limpieza. “Nunca recomendamos combinar cloro con vinagre, amoníaco u otros limpiadores, ya que esa mezcla puede generar gases tóxicos que representan un riesgo para la salud. Además, si la humedad persiste, ningún producto resolverá el problema de manera definitiva mientras no se elimine su origen”, agregan.
Fuente: Comunícate 360