Orientar a una familia que llega a un hospital, ayudar a encontrar una oficina o actuar frente a un usuario alterado, son parte de los desafíos que enfrenta el personal de seguridad. Desde LIMCHILE explican por qué la comunicación, la observación y el autocontrol son competencias clave en un trabajo que va más allá de la vigilancia.
Una familia llega a un hospital sin saber dónde debe dirigirse, una persona desorientada en un edificio público o un usuario que pierde la paciencia frente a una atención que no avanza. En estas situaciones, el guardia de seguridad suele ser uno de los primeros trabajadores con los que las personas interactúan. Su respuesta no solo puede facilitar la experiencia de quienes acuden al lugar, sino también contribuir a prevenir conflictos y mantener el funcionamiento de las instalaciones.
Este escenario plantea exigencias para un trabajo que tradicionalmente se asocia solo al control de accesos y la prevención de incidentes. En espacios de alta circulación, como hospitales y organismos públicos, los guardias también deben contar con habilidades de comunicación, capacidad de observación, autocontrol y orientación de servicio, sin perder de vista su responsabilidad principal: resguardar la seguridad de las personas y las instalaciones.
“Un guardia de seguridad no solo debe conocer los protocolos y saber cómo actuar ante un incidente. En lugares como hospitales o edificios públicos, también necesita comunicarse con claridad, orientar a las personas y mantener la calma frente a situaciones difíciles. Muchas veces es el primer trabajador al que recurren gluten que llega preocupado o necesita ayuda”, explica Luis Villagra, subgerente de Operaciones de Seguridad Privada de LIMCHILE.
El desarrollo de estas competencias requiere preparación y conocimiento del lugar donde se desempeña cada trabajador. No es lo mismo operar en un recinto de salud, donde las personas pueden llegar preocupadas o enfrentarse a situaciones de alta sensibilidad, que hacerlo en un edificio público con un flujo constante de visitantes y distintos procedimientos de atención.
En LIMCHILE, empresa especializada en servicios de seguridad privada y facility management, la preparación de los equipos considera inducciones operativas específicas para cada instalación. Estas incluyen el conocimiento de los accesos, la distribución de los espacios, los procedimientos internos y protocolos de emergencia. La coordinación con cada cliente permite, además, definir responsabilidades y preparar a los trabajadores para responder adecuadamente a distintas situaciones sin exceder sus atribuciones.
A esto se suman competencias como la responsabilidad, la observación, la comunicación y la conducta preventiva. El autocontrol también resulta relevante al enfrentar a personas alteradas o situaciones de tensión, ya que una respuesta adecuada puede contribuir a evitar que un conflicto escale. En este contexto, orientar y atender a los usuarios no reemplaza las funciones de seguridad, sino que complementa el trabajo preventivo que realizan los equipos.
“Cada instalación tiene dinámicas y riesgos diferentes, por lo que la preparación debe responder a esa realidad. Conocer los procedimientos y las características del lugar permite que el guardia tome mejores decisiones, identifique cuándo puede orientar directamente a una persona y cuándo debe activar un protocolo o solicitar apoyo”, finaliza Villagra.
Fuente: Vital Comunicaciones