COANIQUEM se convirtió en el primer equipo de Latinoamérica en publicar un estudio sobre rehabilitación de quemaduras pediátricas en la revista Burns, órgano oficial de la International Society for Burn Injuries, la más prestigiosa a nivel mundial en esta área.
La investigación analizó a 436 pacientes menores de 15 años que ingresaron en 2011 a COANIQUEM y se posiciona como una de las series más extensas reportadas en la región. Más allá de este logro académico, los datos entregan señales concretas para la prevención, la planificación sanitaria y el acompañamiento a largo plazo de los niños afectados.
“El poder evaluar, cuantificar y caracterizar qué es lo que está pasando con una población nos permite sacar conclusiones y determinar cómo vamos a tratar esto y cómo vamos a hacer seguimiento a estos niños, así como también planificar adecuadamente los recursos para realizar estas tareas”, explica María de los Ángeles Rojas, subdirectora de Gestión Médica de COANIQUEM. “También es mostrar hacia afuera qué es lo que hacemos hoy en Chile con los niños con quemaduras”.
Un problema que comienza antes de los 4 años
El estudio confirmó una realidad persistente: dos tercios de los niños que se queman tienen menos de 5 años. La mayoría de los accidentes ocurre en el hogar y el 90% se debe a contacto con objetos calientes —como estufas— o líquidos calientes.
“Eso nos vuelve a decir: la prevención es fundamental, sobre todo enfocada en ese rango etario”, subraya Rojas.
El análisis permitió caracterizar además qué pacientes necesitaron hospitalización, injertos o cirugías en la etapa aguda. Pero la gran pregunta era otra: ¿cuántos requerirán rehabilitación?
La respuesta: 91 de los 436 pacientes (21%) necesitaron tratamiento rehabilitador debido a secuelas cicatriciales.
“Es un porcentaje bastante importante”, advierte la especialista considerando que en el grupo estudiado se incluye a muchos niños que no requirieron hospitalización al inicio de su tratamiento por tener sólo lesiones localizadas.
La profundidad importa más que la extensión
Uno de los hallazgos centrales es que la profundidad de la quemadura es el factor que más influye en la necesidad de rehabilitación, incluso por sobre la extensión o la localización.
“Había muchos factores —hospitalización, injerto, tiempo de cicatrización—, pero cuando analizamos cuál impactaba más por sí solo, por lejos fue la profundidad”, detalla Rojas. “Aunque no sea muy extensa la quemadura, a ese niño hay que prestarle atención, porque probablemente vamos a necesitar un tratamiento a largo plazo”.
En términos prácticos, esto significa que una quemadura pequeña pero profunda en la mano puede generar una secuela compleja y, por lo tanto, años de seguimiento.
Rehabilitaciones que pueden superar la década
El estudio también midió la duración de los tratamientos. Un tercio de los niños que ingresaron a rehabilitación permaneció más de un año en tratamiento. Cuatro pacientes superaron los 12 años de seguimiento, que fue el período de observación del estudio.
En la experiencia clínica de la institución, en algunos casos el seguimiento puede extenderse incluso hasta los 20 años de edad, con el objetivo de acompañar el crecimiento de los niños y asegurar la recuperación de las zonas afectadas.
Un ejemplo frecuente es el de un lactante que se quema la mano al tocar una estufa. Aunque la lesión sea pequeña, al crecer la piel sana se expande y la zona injertada se retrae, lo que puede generar deformidades funcionales. Eso obliga a nuevas cirugías y nuevos ciclos de rehabilitación durante el desarrollo.
La alerta silenciosa: 28% de deserción
Otro dato preocupante es que el 28% de los pacientes abandonó su proceso de rehabilitación.
“Es algo que sabemos que pasa y hacemos constantemente rescate de desertores”, reconoce Rojas. “Pero esto nos enciende alertas y queremos estudiar mejor qué características hacen que un niño tenga mayor riesgo de desertar, sobre todo considerando que en COANIQUEM se entrega un servicio 100% gratuito a todas las familias”.
La adhesión es clave en tratamientos prolongados, especialmente cuando incluyen uso de prendas compresivas, controles periódicos y apoyo psicológico.
Ciencia con impacto en políticas públicas
El aporte del estudio no se limita al ámbito clínico. COANIQUEM ha tenido un rol activo en la elaboración de normativas y políticas preventivas en Chile.
Un ejemplo emblemático fue su participación en el impulso de la ley que regula los fuegos artificiales. “Es muy impactante ver la gráfica: después de la ley, la curva de niños quemados por esta causa cae drásticamente”, señala Rojas.
La institución también ha colaborado en normativas sobre seguridad de cocinas, doble vidrio en hornos, resistencia a la rotura de bolsas de agua caliente (guateros) y diseño de hervidores con cable corto, medidas que buscan reducir accidentes domésticos.
“Vamos pesquisando cosas, levantamos esta información y ayudamos a que la certificación de productos que ingresan a Chile cumpla con estas normas”, explica.
Atención 24/7 y capacitación en red
Además de la rehabilitación especializada en sus centros de Antofagasta, Santiago, Concepción y Puerto Montt, COANIQUEM mantiene un WhatsApp SOS 24/7 atendido por enfermeras especialistas, donde orientan a las familias sobre primeros auxilios —cómo aplicar agua corriente durante 20 minutos— y derivación oportuna.
También capacitan a equipos de atención primaria y hospitales en manejo ambulatorio avanzado de quemaduras, reforzando una red nacional de apoyo.
Un desafío de alto estándar internacional
La publicación en Burns no fue sencilla. “Fue muy desafiante, estuvimos casi un año en revisión con la revista”, cuenta Rojas. El proyecto comenzó en 2019 y logró su publicación en 2025.
Actualmente, la institución trabaja en más de 40 proyectos de investigación en distintas etapas, con el objetivo de seguir aportando evidencia científica desde Chile al mundo.
“Este es un problema real que existe. Conocerlo nos permite trabajar mejor y dar la mejor solución a nuestros pacientes”, concluye la especialista.
La investigación deja una certeza: la quemadura no termina cuando se cierra la herida. Para uno de cada cinco niños, el proceso recién comienza.
Fuente: Coaniquem