Una persona puede conversar, caminar y sentirse capaz mientras su juicio, control de impulsos y tiempo de reacción ya están alterados. En vísperas de Fiestas Patrias, la neuropsicóloga María de los Ángeles Sáez explica los efectos del alcohol que no siempre se ven y advierte sobre señales que pueden confundirse con una simple borrachera.
En Fiestas Patrias, los riesgos del alcohol suelen asociarse inmediatamente a los accidentes de tránsito. Pero algunos comienzan mucho antes de tomar el volante y pueden pasar inadvertidos incluso para quien está bebiendo. La magnitud del fenómeno no es menor: una radiografía presentada por SENDA antes de las celebraciones de 2025 estimó que cerca de 2,5 millones de personas en Chile se habían embriagado al menos una vez durante el último mes y una de cada siete lo había hecho cinco o más veces.
El cerebro puede comenzar a funcionar de manera diferente antes de que aparezcan signos evidentes de embriaguez. “Una persona puede todavía estar conversando y caminando aparentemente con normalidad, pero ya estar tomando decisiones menos adecuadas, reaccionando más lentamente o teniendo mayor dificultad para inhibir conductas impulsivas”, explica María de los Ángeles Sáez, psicóloga y doctora en Psicología por la Universidad de Chile, especialista en neuropsicología. Funciones como planificar, evaluar riesgos, controlar impulsos y tomar decisiones pueden deteriorarse antes de que aparezca una descoordinación motora evidente.
Ahí surge una paradoja: el mismo juicio que necesitamos para determinar si estamos en condiciones de seguir bebiendo, conducir o realizar otra actividad puede estar ya afectado por el alcohol. “Una persona puede sentirse bien, sentirse segura e incluso pensar sinceramente que está funcionando normalmente, mientras algunas de sus capacidades cognitivas ya están funcionando de manera diferente”, señala Sáez. “Necesitamos nuestro juicio para determinar si estamos en condiciones de continuar una actividad, pero justamente es ese juicio el que puede estar afectado por el consumo de alcohol”.
Otro efecto particularmente desconocido son las lagunas de memoria. Una persona puede conversar, bailar y participar activamente durante horas y al día siguiente no recordar parte de lo ocurrido. “No siempre es un recuerdo que se perdió, sino que muchas veces es un recuerdo que nunca llegó a formarse adecuadamente”, explica Sáez. El alcohol puede interferir con el hipocampo, estructura cerebral fundamental para formar y consolidar nuevos recuerdos. En otras palabras, la experiencia puede no haber quedado almacenada adecuadamente para ser recuperada después.
Y los riesgos van bastante más allá del automóvil. “Las conductas de riesgo no empiezan ni terminan en conducir”, advierte la especialista. Una menor atención, coordinación y capacidad para anticipar consecuencias puede favorecer caídas, golpes y accidentes en escaleras, piscinas, playas, parrillas, cocinas o actividades al aire libre, además de decisiones impulsivas, conflictos interpersonales, conductas sexuales de riesgo o situaciones de mayor vulnerabilidad. No es necesario, recalca Sáez, alcanzar una intoxicación extrema para que una alteración del juicio o del control inhibitorio modifique la conducta.
La mayor precaución debe producirse cuando lo que parece una persona simplemente “durmiendo la mona” puede ser en realidad una intoxicación grave. Dificultad para despertar, pérdida de conciencia, respiración muy lenta o irregular, convulsiones, vómitos reiterados acompañados de gran somnolencia o un deterioro progresivo del estado de conciencia requieren atención médica urgente. “Si no podemos despertar adecuadamente a una persona, no debemos dejarla simplemente durmiendo”, enfatiza Sáez. Tampoco existen atajos para recuperar la sobriedad: el café puede hacernos sentir más despiertos y una ducha fría más alertas, pero ninguno elimina el alcohol ni recupera por sí mismo el juicio, la coordinación o el tiempo de reacción. Ante un consumo importante, la recomendación es esperar, no conducir ni realizar actividades de riesgo y buscar atención médica ante cualquier señal de alarma.
Fuente: Tábula Consultores.