Dr. Cristian Echeverría Leal
Director Campus Naturaleza UdeC
En el contexto del Día Internacional de los Bosques, resulta necesario ir más allá de la conmemoración y preguntarnos, con honestidad, en qué estado se encuentra hoy nuestro capital natural y qué estamos haciendo para recuperarlo.
Chile enfrenta una situación crítica. La degradación de sus ecosistemas, particularmente de los bosques nativos, ha reducido de manera significativa su capacidad de sostener procesos ecológicos esenciales. Este deterioro no es solo ambiental: es también económico y social. Cuando hablamos de capital natural, nos referimos precisamente a ese conjunto de activos —bosques, suelos, agua, biodiversidad— que sustentan el bienestar humano y las economías. Su pérdida implica, en términos concretos, menor disponibilidad de agua, mayor exposición a desastres y una disminución en la calidad de vida.
En este escenario, la restauración ecológica de los bosques nativos adquiere una relevancia estratégica. Nos encontramos en la mitad del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030, y los avances a nivel global aún son insuficientes frente a la magnitud del desafío. La evidencia es clara: más del 75% de los ecosistemas terrestres han sido alterados.
Restaurar, sin embargo, no es sinónimo de reforestar. Es un proceso complejo que busca recuperar la funcionalidad de los ecosistemas, su biodiversidad y su capacidad de adaptarse a perturbaciones, como el cambio climático. En Chile, esto es particularmente urgente en un contexto de megasequía prolongada, inundaciones, pérdida de suelos y aumento en la frecuencia de incendios forestales, fenómenos que evidencian la fragilidad de nuestros territorios.
Desde esta perspectiva, la restauración ecológica de los bosques nativos es una inversión en capital natural. No es un gasto, sino una estrategia para recuperar activos que son fundamentales para el desarrollo del país. Así lo reconoce la Ley Marco de Cambio Climático de Chile, que incorpora la restauración como una herramienta clave para avanzar hacia la carbono neutralidad y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas.
Pero hay un elemento que no podemos olvidar: la velocidad. A mitad de esta década de la restauración, el ritmo de acción sigue siendo insuficiente y no está a la escala que exige la magnitud de la crisis. Hoy contamos con suficiente evidencia científica para avanzar. El desafío ya no es saber qué hacer, sino implementar a la escala y velocidad necesarias..
La restauración ecológica no es solo una tarea técnica. Es una decisión país. Implica reconocer que nuestro desarrollo depende de la salud de nuestros ecosistemas y que el capital natural no es un recurso infinito. Requiere, además, una articulación efectiva entre el mundo público, privado, la academia y las comunidades, entendiendo que la escala del desafío supera cualquier esfuerzo individual.
Desde mi experiencia, tengo la convicción de que restaurar también es reconstruir relaciones: entre sociedad y naturaleza, pero también entre quienes habitamos un territorio y decidimos hacernos cargo de su futuro. Hoy, más que nunca, necesitamos avanzar con decisión. Recuperar el capital natural de nuestros bosques no es solo una aspiración ambiental. Es una condición habilitante para el desarrollo del país y una responsabilidad ineludible con las futuras generaciones.
Fuente: Universidad de Concepción.