Como toda herramienta, la IA no es buena ni mala por sí misma: su valor depende del propósito y criterio de las personas que la utilizan. Así como el Homo habilis, que vivió en África hace aproximadamente entre 2 millones de años, amplió sus posibilidades de adaptación mediante el uso sistemático de herramientas, mejorando su capacidad para resolver problemas y acceder a nuevos recursos, la inteligencia artificial puede ampliar las capacidades de las escuelas cuando su incorporación está guiada por propósitos humanizantes.
Las comunidades educativas deben decidir si permanecerán al margen de esta tecnología, movidas por el temor o el desconocimiento; si la incorporarán de manera irreflexiva, con los riesgos éticos y educativos que ello implica; o si la utilizarán de forma consciente para favorecer la colaboración, liberar tiempo para la reflexión pedagógica y fortalecer el desarrollo de quienes integran la comunidad escolar.
Su incorporación en la gestión escolar, el desarrollo profesional docente y el liderazgo educativo requiere confianza, participación y un propósito compartido. Es comprensible que surjan dudas o temores frente a sistemas que pueden parecer complejos o que podrían despersonalizar ciertas decisiones pedagógicas. Por ello, liderar la adopción de la IA exige escuchar a los distintos actores, generar espacios seguros de aprendizaje y construir, colectivamente, criterios éticos para su uso en las comunidades educativas.
La integración humanizada de IA puede liberar tiempo destinado a tareas administrativas y apoyar la planificación, para recuperar aquello que ninguna tecnología puede sustituir: la reflexión pedagógica compartida y el encuentro entre todos los miembros de la comunidad educativa.
La pasividad también es una decisión. Puede llevarnos a quedar al margen de oportunidades relevantes o, paradójicamente, favorecer una incorporación irreflexiva de estas tecnologías, con los consiguientes riesgos éticos y educativos. El desafío consiste en aprender y decidir conscientemente cómo integrar la IA para que fortalezca, en lugar de debilitar, la colaboración, el cuidado y el desarrollo de nuestras comunidades educativas.
Dra. Bárbara Porter
Facultad de Ciencias para el Cuidado de la Salud
Universidad San Sebastián
Fuente: USS