Santiago, 25 de agosto de 2026
El fenómeno de El Niño ha modificado la duración, intensidad y estacionalidad de los eventos climáticos, extendiendo condiciones de riesgo a meses en que históricamente las empresas bajaban la guardia, como la primavera. Para el sector del facility management, esto plantea una pregunta de fondo: ¿sigue teniendo sentido un mantenimiento organizado por calendario fijo, o es momento de pasar a ciclos definidos por condiciones reales?
De un mantenimiento estacional a uno adaptativo
El modelo tradicional de mantenimiento en muchas organizaciones sigue una lógica de temporada, que refuerza las revisiones en invierno. “Ese esquema pierde eficacia en el escenario de El Niño, en el que eventos que antes eran excepcionales como lluvias extremas, oscilaciones bruscas de humedad, episodios de viento, pueden repetirse en primavera o incluso en los primeros meses de verano”, explica Rowland Hughes, director de Facility Management de Grupo EULEN Chile.
La respuesta es ajustar la frecuencia de los ciclos críticos de revisión y mantenimiento a las condiciones reales de cada temporada, en lugar de a una fecha fija en el calendario. Para una empresa, esto significa pasar de una planificación reactiva a una programada según indicadores: alertas meteorológicas, historial de incidencias en la instalación y variables propias de cada zona del país.
En el norte, adaptar infraestructura que no fue diseñada para este escenario
En regiones del norte, el foco es generar una línea base de monitoreo en instalaciones que, en su diseño original, no contemplaron eventos de precipitación relevantes, considerando un cambio de enfoques:
- Levantar un diagnóstico de vulnerabilidad por instalación, identificando qué puntos (techumbres, uniones, sistemas eléctricos expuestos, bodegas) no fueron diseñados para recibir agua caída, antes de que ocurra un evento y no durante o después de él.
- Definir umbrales de activación, es decir, a partir de qué alerta o pronóstico se gatilla una revisión extraordinaria, en lugar de esperar a que el evento ya esté en curso.
- Incorporar el riesgo de humedad como variable nueva en la gestión de bodegas y áreas de acopio, en instalaciones donde tradicionalmente el foco estuvo puesto en polvo y altas temperaturas, no en agua.
- Documentar cada evento como aprendizaje, registrando qué puntos fallaron para ajustar el diagnóstico de vulnerabilidad de cara al próximo episodio, dado que estos eventos aún son poco frecuentes y hay menos experiencia acumulada que en el centro-sur del país.
Centro-sur: la ventana de riesgo se extiende más allá del invierno
En la zona centro-sur, El Niño provoca que la temporada de mayor exigencia para drenajes, cubiertas y sistemas de evacuación de aguas se prolongue hasta septiembre y octubre, con eventos que incluso pueden llegar en el verano. Por eso, hay recomendaciones claves para implementar:
Anticipar la coexistencia de lluvia y altas temperaturas, un escenario menos habitual que exige atención simultánea a drenajes y a sistemas de climatización, dos frentes que normalmente se gestionan en momentos distintos del año.”.
Extender el periodo de revisión intensiva más allá del cierre de temporada habitual, evitando que los planes de mantenimiento bajen su frecuencia justo cuando el riesgo climático todavía está vigente.
Revisar los contratos y calendarios de mantenimiento vigentes, verificando si su cierre de temporada fijo (por ejemplo, a fines de agosto) sigue siendo un supuesto válido este año.
Cruzar la frecuencia de revisión con el historial de incidencias propio de cada instalación, en lugar de aplicar un mismo calendario a todas las sedes o plantas de una empresa.
Fuente: Strategika