Por Jorge Gillet, Gerente Comercial de Dimacofi
Después de haber trabajado en distintas industrias, aprendí que hay algo que distingue a las empresas que logran mantenerse vigentes durante décadas. No son las que defienden con más fuerza su negocio histórico, sino aquellas que tienen la capacidad de reinventarse antes de que el mercado las obligue a hacerlo.
Esa fue una de las principales razones por las que decidí asumir el desafío de liderar la Gerencia Comercial de Dimacofi. Encontré una empresa que está a pocos meses de cumplir un siglo de historia, pero que al mismo tiempo decidió mirar hacia adelante. No es común encontrar organizaciones capaces de combinar una trayectoria consolidada con la convicción de apostar por tecnologías que todavía muchos consideran parte del futuro.
Sin embargo, la pregunta ya no es si ese futuro llegará. La verdadera pregunta es si Chile será capaz de incorporarlo a tiempo.
Durante años hablamos de transformación digital como un desafío pendiente, hoy esa conversación quedó atrás. La Inteligencia Artificial y la robótica ya comenzaron a cambiar la forma en que trabajamos, producimos y tomamos decisiones en las principales economías del mundo. Mientras algunos todavía discuten si estas tecnologías tendrán impacto, en otros mercados el debate ya se trasladó hacia cómo implementarlas de manera más eficiente y responsable.
Las diferencias que se puedan generar son lo suficientemente significativas como para cambiar la forma en que operan muchas organizaciones. Y a mi juicio lo más interesante es que todavía estamos viendo solo el comienzo, pues los robots de servicio, por ejemplo, representan apenas la punta del iceberg de una nueva generación de tecnologías que en los próximos años transformarán procesos que hoy damos por sentados y abrirán oportunidades que todavía ni siquiera imaginamos.
Por supuesto, junto con el entusiasmo aparece una preocupación legítima, que es el efecto que esto tendrá sobre el empleo. El temor es real y sería un error minimizarlo, sin embargo, también soy un convencido de que la capacidad de innovar y emprender de las personas volverá a generar nuevas oportunidades, nuevos negocios y nuevas profesiones. La historia demuestra que el empleo se transforma mucho más de lo que desaparece, y el verdadero desafío estará en prepararnos para desarrollar nuevas capacidades y adaptarse a ese nuevo escenario.
De aquí a 2030 veremos un cambio profundo en prácticamente todas las industrias. Habrá más robots, más IA integrada a los procesos cotidianos y una presencia mucho mayor de estas tecnologías en el comercio, los puntos de venta, el e-commerce, el marketing, la logística y múltiples actividades que hoy todavía dependen casi por completo de las personas. Probablemente la transformación no será tan radical como algunos anticipan en el corto plazo, pero hacia el final de esta década esos cambios serán evidentes y formarán parte de la normalidad.
La competitividad de los próximos años no dependerá únicamente de quién incorpore primero una nueva tecnología, dependerá de quién tenga la capacidad de entenderla y convertirla en una herramienta para generar más valor. En esa carrera, el mayor riesgo ya no es equivocarse al innovar, el mayor riesgo es quedarse esperando a que el futuro llegue, cuando hace tiempo comenzó.
Fuente: 360 Comunicaciones.