Un nuevo estudio sobre tendencias muestra que el consumo está fuertemente ligado al gusto, con hábitos estables y una presencia clave en momentos cotidianos como la “once”, postres, desayunos y cumpleaños.
Este famoso dulce sigue siendo uno de los productos más arraigados en la cultura alimentaria del país. De acuerdo con el estudio desarrollado por CORPA, un 73% de los chilenos declara consumir manjar al menos una vez al mes, cifra que contrasta con el dulce de leche, que alcanza solo un 32%.
El análisis, realizado a nivel nacional, también evidencia una fuerte estabilidad en su consumo: el 87% de las personas no ha cambiado sus hábitos en los últimos seis meses, lo que da cuenta de una categoría consolidada dentro de la dieta cotidiana.
Este vínculo se explica, en gran medida, por factores emocionales. Un 60% de los consumidores afirma que lo consume simplemente porque le gusta, mientras que un 26% lo utiliza en preparaciones de repostería, reforzando su presencia tanto en el día a día como en ocasiones especiales.
“El manjar en Chile no es masivo solo por disponibilidad, sino por construcción cultural. A diferencia de otros países donde el dulce de leche compite en más formatos o preparaciones, en Chile está fuertemente integrado a momentos específicos, como la ‘once’ o la repostería casera, que lo sostienen en el tiempo. Esa asociación cotidiana es lo que explica su profundidad y estabilidad en el consumo”, señala Pavel Castillo, Economista Conductual y Gerente de Intelligence en CORPA.
En línea con esto, el manjar se consume principalmente en espacios cotidianos: el 62% lo incorpora en la “once”, 42% en desayunos y un 58% en postres, consolidando su rol tanto en rutinas familiares como también en celebraciones de cumpleaños (44%).
En cuanto a preferencias, predominan ampliamente las opciones tradicionales. El 81% de los consumidores opta por manjar tradicional, muy por sobre otras variedades como el manjar artesanal (24%) o versiones más específicas como sin azúcar (12%) o sin lactosa (11%). Asimismo, las formas de consumo también reflejan esta tradición: el 68% lo consume en panqueques y el 58% en tortas, confirmando su fuerte asociación con la repostería casera.
“Lo que muestran los datos es que la categoría está anclada en códigos tradicionales muy sólidos. Aunque existen nuevas variantes, no logran tensionar el liderazgo del formato clásico. En este tipo de productos anclados a la cultura, la familiaridad y tradición es parte íntegra de la decisión de compra”, afirma Castillo.
A la hora de elegir cuál manjar comprar, los factores más relevantes son claros: el buen sabor (69%), la relación precio-calidad (63%), la marca (53%) y el envase (37%) lideran las preferencias, mostrando que la decisión de compra combina atributos sensoriales con confianza y valor percibido.
Pese a ciertas preocupaciones asociadas a su consumo, más de la mitad de los encuestados (53%) señala que no percibe aspectos negativos. Entre quienes sí mencionan alguno, destacan principalmente el alto contenido de azúcar (30%) o calorías (7%).
“Muchas veces hay una tensión entre gusto y salud, pero en este caso no parece resolverse a favor de la restricción. Más de la mitad de los consumidores no percibe aspectos negativos, lo que indica que el manjar se posiciona como un ‘permiso emocional’. Es decir, un consumo que se justifica más por gratificación que por criterios funcionales o nutricionales”, concluye el Economista Conductual y Gerente de Intelligence en CORPA.
Finalmente, el estudio confirma que se trata de una categoría madura: casi la mitad de los consumidores (49%) no siente la necesidad de incorporar nuevos productos, aunque entre quienes sí buscan innovación, aparecen opciones como versiones artesanales, sin azúcar o con nuevos sabores.
Fuente: comunicate360.