Jaime Bastías, economista y director de la Escuela de Auditoría y Control de
Gestión, analiza el “terremoto de costos” tras el ajuste del MEPCO: llenar el
estanque costará $18.500 adicionales, pero el riesgo real es el traspaso a precios
de alimentos.
El experto proyecta un salto inflacionario que duplicará la meta del Banco Central,
afectando directamente dividendos, arriendos y contratos indexados.
SANTIAGO, 24 de marzo de 2026.- Un sombrío panorama para el presupuesto
familiar y la estructura de costos de las empresas proyecta el economista y
Director de la Escuela de Auditoría y Control de Gestión de la Universidad Finis
Terrae, Jaime Bastías, tras confirmarse las alzas históricas en el precio de las
gasolinas ($370 por litro) y el diésel ($580 por litro) que rigen desde este jueves.
Según el experto, aunque el impacto visible es el costo de llenar el estanque -que
subirá $18.500 para un vehículo promedio-, el verdadero golpe vendrá por la vía
de la inflación de segunda vuelta. “Desde la perspectiva de la auditoría y el control
de gestión, el diésel es el insumo crítico que mueve el 98% de los bienes en Chile.
Con un alza del 62% en este combustible, los costos operacionales de transporte
se encarecen hasta un 25%. Esta es una presión que las empresas,
especialmente las Pymes, no pueden absorber por mucho tiempo sin arriesgar su
continuidad operativa, lo que fuerza un traspaso directo al precio final en la
góndola”, advierte Bastías.
El efecto “Dominó” y la UF sobre los $40.000
El análisis del economista estima que este shock agregará entre 1,78 y 2,01
puntos porcentuales adicionales al IPC, situando la inflación anual en un rango de
4,2% a 4,4%, superando con holgura la meta del 3% del Banco Central.
Este salto inflacionario tiene un correlato directo y doloroso: la Unidad de
Fomento. “Si se materializa un punto porcentual adicional de inflación por este
shock, la UF subirá cerca de $400 en un solo mes entre mayo y junio, superando
por primera vez la barrera de los $40.000. Esto no es una cifra abstracta: es una
transferencia real de ingresos desde las familias hacia los acreedores,
encareciendo automáticamente dividendos hipotecarios, arriendos y planes de
salud”, detalla el Director de Auditoría de la U. Finis Terrae.
Efecto “pinza” en la gestión de empresas
Para el académico, las organizaciones enfrentan hoy lo que en gestión se
denomina un “efecto pinza”. “Por un lado, el control de costos se vuelve imposible
con un petróleo disparado y un dólar presionado por la caída del cobre; y por otro,
el Banco Central se verá forzado a mantener las tasas altas (4,5%) para contener
la espiral de precios. Esto corta el flujo de caja: el crédito es caro y los costos de
insumos suben. Es la tormenta perfecta para la inversión nacional”, explica el
académico.
Además, el experto enfatiza que el alza del diésel tiene un perfil marcadamente
regresivo. “A diferencia de la gasolina, el diésel impacta la logística, que en Chile
ya representa el 18% del valor de un producto, el doble que el promedio OCDE.
Estamos hablando de un encarecimiento de entre +3,3% y +4,5% en el precio de
bienes transables. Para un hogar del primer quintil, este porcentaje consume una
porción sustantiva de su presupuesto mensual en alimentos básicos”.
Bastías hace un llamado a la cautela en la planificación financiera: “En este
escenario, tanto familias como empresas deben revisar sus presupuestos de cara
al invierno. Con una UF que no da tregua y tasas de interés que no bajarán pronto,
la eficiencia en el gasto y el control de gestión riguroso serán la única tabla de
salvación frente a un shock que no es abstracto, sino una transferencia real de
riqueza en un momento de alta vulnerabilidad externa”, concluye.
Fuente: uft.