Atribuible a:
Yukiko Arai, Directora de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina
Violet Speek-Warnery, Representante de UNICEF en Chile
Es momento de reforzar la acción contra el trabajo infantil en Chile
Cada 12 de junio, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil nos recuerda una realidad que no podemos normalizar: miles de niños, niñas y adolescentes siguen realizando actividades que afectan su bienestar, limitan sus oportunidades y comprometen el pleno ejercicio de sus derechos. En Chile, esta realidad alcanza a más de medio millón de niños, niñas y adolescentes, lo que da cuenta de la magnitud y urgencia del desafío.
En Chile, los avances normativos e institucionales de los últimos años han fortalecido la protección de la niñez y la adolescencia. Sin embargo, la evidencia más reciente muestra que el trabajo infantil sigue presente y que persisten desafíos importantes para avanzar hacia su erradicación.
En este contexto, la evidencia presentada en el estudio realizado por UNICEF y la OIT, con el apoyo de la Subsecretaría de Evaluación Social “Trabajo infantil en Chile: evidencia para comprender sus determinantes y fortalecer su erradicación”, constituye una herramienta para la acción. Más que un diagnóstico, permite comprender mejor por qué hay niños, niñas y adolescentes que se encuentran en trabajo infantil y qué respuestas son necesarias para prevenirlo y avanzar hacia su erradicación.
Según los últimos datos disponibles (Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes, EANNA 2023), un 15,5% —507.833— de niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años se encuentran en trabajo infantil. Esta realidad incluye tanto actividades económicas como servicios domésticos no remunerados peligrosos que afectan su desarrollo, bienestar y derechos.
Uno de los principales aportes de este análisis es demostrar que el trabajo infantil es un fenómeno profundamente multidimensional. Durante mucho tiempo se asoció principalmente a la pobreza, pero la evidencia muestra que esa explicación es insuficiente. Factores económicos influyen, pero también lo hacen variables educativas, territoriales, culturales y familiares. Este hallazgo tiene importantes implicancias para las políticas públicas, ya que demuestra que la erradicación del trabajo infantil no puede abordarse desde una sola política o sector, sino mediante respuestas coordinadas que actúen simultáneamente sobre sus múltiples causas.
La pobreza multidimensional, la ruralidad, el nivel educativo de quienes ejercen el cuidado, las trayectorias intergeneracionales de trabajo temprano y las percepciones que legitiman el trabajo adolescente configuran un entramado complejo que aumenta el riesgo de ingreso prematuro al mundo del trabajo. Por ejemplo, los niños, niñas y adolescentes que viven en hogares con múltiples privaciones tienen una mayor probabilidad de encontrarse en situación de trabajo infantil, mientras que un mayor nivel educativo de la jefatura de hogar actúa como un factor protector. Este hallazgo es clave, porque nos recuerda que no existen soluciones simples para problemas complejos.
La evidencia muestra, además, que el trabajo infantil en Chile no se expresa principalmente a través de la exclusión escolar. La gran mayoría de quienes se encuentran en esta situación continúa asistiendo a la escuela. Esto nos obliga a ampliar la mirada: el problema no es solo el acceso, sino cómo estas actividades afectan el tiempo de estudio, el descanso, la recreación y el desarrollo integral.
Asimismo, persisten desigualdades relevantes. En zonas rurales, un 22,1% de los niños, niñas y adolescentes se encuentra en situación de trabajo infantil, frente a un 14,7% en áreas urbanas. Esta brecha es especialmente pronunciada en las actividades económicas, cuya prevalencia en zonas rurales (13,1%) triplica la observada en zonas urbanas (4,5%). También se observan diferencias de género: mientras los niños participan en mayor medida en actividades económicas (6,6% frente a 4,2% en niñas), las niñas presentan mayor carga en servicios domésticos no remunerados peligrosos (12,3% frente a 10,1% en niños). Estas realidades exigen respuestas diferenciadas y contextualizadas.
Otro aspecto fundamental es el rol de las normas sociales. Cuando el trabajo infantil se percibe como una experiencia formativa o como una contribución legítima al hogar, aumenta la probabilidad de que esta práctica se reproduzca entre generaciones. De hecho, los cuidadores que comenzaron a trabajar antes de los 18 años tienden a tener hijos e hijas con mayor probabilidad de participar en trabajo infantil. Por ello, su erradicación no depende solo de su prohibición, sino también de la transformación de las condiciones y creencias que lo sostienen.
La evidencia presentada por este estudio refuerza un mensaje central para UNICEF y la OIT: la erradicación del trabajo infantil requiere respuestas integrales, sostenidas y coordinadas. Las políticas de protección social, educación, protección de la niñez, apoyo a las familias y trabajo decente deben articularse para abordar las múltiples dimensiones del fenómeno y prevenir que nuevas generaciones se vean expuestas al trabajo infantil. “Se trata, además, de una responsabilidad compartida. Los gobiernos tienen un rol central en el diseño e implementación de políticas públicas eficaces. Asimismo, el diálogo social y la participación activa de las organizaciones de empleadores y de trabajadores son fundamentales para prevenir y erradicar el trabajo infantil. Las comunidades, escuelas y familias también cumplen un papel esencial en la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes.
Hoy contamos con mejor evidencia, mayor conocimiento y un marco normativo robusto. Ese marco se sustenta, entre otros instrumentos, en el artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño y en los Convenios núm. 138 y núm. 182 de la OIT. La ratificación universal del Convenio núm. 182 constituye un hito histórico y refleja un consenso global sin precedentes sobre la necesidad urgente de erradicar las peores formas de trabajo infantil.
La pregunta ya no es si sabemos dónde están los desafíos, sino si estamos dispuestos a actuar con la urgencia que requieren.
El compromiso que se necesita es claro: transformar ese conocimiento en políticas, inversiones y acciones concretas que garanticen que todos los niños, niñas y adolescentes puedan desarrollarse plenamente, ejercer sus derechos y construir sus futuros libres de trabajo infantil.
Porque su erradicación no es solo una meta de política pública. Es una condición esencial para avanzar hacia una sociedad más justa, inclusiva y sostenible.
Para más información sobre el estudio “Trabajo infantil en Chile: evidencia para comprender sus determinantes y fortalecer su erradicación”: https://www.unicef.org/chile/estudio-UNICEF-OIT-trabajo-infantil-2026
Fuente: Vital Comunicaciones.