- Las hermanas Coral y Rocío Elizondo encabezaron el encuentro “Aprender sin barreras: lenguaje, emoción y diversidad”, realizado en Fundación Mustakis, donde entregaron a docentes y líderes de organizaciones sociales herramientas concretas de educación inclusiva, atención plena y autocuidado.
Santiago, 10 de julio de 2026.- Con la asistencia de 45 educadores y líderes de organizaciones sociales, Fundación Mustakis organizó en Recoleta la charla “Aprender sin barreras: lenguaje, emoción y diversidad”, encabezada por las hermanas españolas Coral y Rocío Elizondo. La actividad abordó dos desafíos centrales de la práctica docente actual: la equidad en el acceso al aprendizaje y el cuidado emocional de quienes conviven en el aula.
En su intervención, Coral Elizondo profundizó en metodologías para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, partiendo de una premisa: cada persona tiene el derecho esencial a recibir una formación que respete sus necesidades y potencialidades únicas, lo que exige derribar barreras en el aprendizaje y construir modelos de convivencia respetuosos con cada estudiante.
“Seguimos diseñando la escuela para un estudiante promedio que no existe; el promedio es una tiranía. El lenguaje no es neutral y muchas veces es mortal: hay palabras asesinas, como ese alumno no puede o ese alumno no sabe. Hace falta construir un lenguaje compartido para construir una nueva realidad” comentó Coral Elizondo.
Docente, psicóloga, orientadora y escritora, con más de tres décadas dedicadas a la formación y el asesoramiento de equipos docentes, Coral Elizondo es un referente internacional en educación inclusiva y en Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA). Ha asesorado a ministerios de educación de América Latina, entre ellos el de Chile.
Por su parte, Rocío Elizondo, docente y formadora especializada en neuroeducación, mindfulness y compasión, centró su exposición en herramientas de atención plena y autocuidado para profesores y estudiantes. Su propuesta, construida a partir de su trayectoria creando espacios emocionales seguros en centros educativos, apunta a mitigar el estrés y propiciar entornos de aprendizaje más humanos, conscientes y reflexivos.
“Un cerebro amenazado o estresado bloquea el aprendizaje, porque la atención se focaliza en sobrevivir. Cuando el estrés es permanente aparecen el miedo y la inseguridad, y la memoria desaparece. No se trata de eliminar el malestar, sino de reconocerlo y saber qué herramientas tengo para gestionar el estrés en clase. Por eso el autocuidado es fundamental en el aula”, explicó a los profesores que participaron del taller.
Consultada sobre por qué el bienestar docente es tan importante dentro del aula, Rocío Elizondo advirtió que suele pensarse únicamente en que los alumnos estén bien, cuando el profesor también necesita estarlo. “Si el docente no está bien, ¿qué está enseñando?”. Y planteó: “un profesor sobrepasado puede terminar gritando o usando un vocabulario ofensivo hacia sus estudiantes. Por eso, no se debe ver el autocuidado como una carga extra ni una autoexigencia, sino como algo personal que favorece al docente y le permite, a la larga, acompañar y ayudar mucho mejor”.
La charla abierta se realizó en el marco de un taller de dos jornadas intensivas que ambas especialistas desarrollaron en la Fundación Mustakis. El trabajo se estructuró en la reducción del desgaste emocional y la prevención del agotamiento docente; el autocuidado estratégico, bajo el principio de que es necesario cuidarse primero para acompañar de mejor forma a los estudiantes; y la regulación emocional en el aula, mediante dinámicas de gestión del clima escolar adaptadas a las distintas necesidades que se presentan.
Para Domingo Errázuriz, director ejecutivo de Fundación Mustakis, la relevancia de esta charla y jornadas intensivas radica en ofrecer a los profesores, comunidades educativas y líderes sociales, las mejores herramientas para mejorar los espacios educativos. “En la Fundación creemos en el enorme potencial del ser humano, y en la búsqueda por el desarrollo integral de niños, niñas y jóvenes, nos parece pertinente reflexionar sobre cómo estamos educando. La visita de estas referentes en innovación educativa nos permitió compartir con nuestro ecosistema herramientas concretas para mejorar la práctica educativa y la trayectoria de vida de nuestros estudiantes”, agregó.
Recomendaciones para profesores: sencillas claves para el aula
Más allá del diagnóstico, las hermanas Elizondo dejaron orientaciones concretas para llevar a la práctica por parte de los docentes:
- Del déficit al contexto: En lugar de preguntarse “qué le pasa a este niño que no me atiende”, Coral Elizondo propuso interrogar qué barreras existen en el contexto para aprender y obtener logros.
- Diseñar para la variabilidad, no para el promedio: El estudiante promedio no existe, agregó Coral Elizondo, y diseñar la escuela pensando en él borra las identidades. Conocer a cada persona y la neurodiversidad, y apoyarse en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) permite planificar clases que incluyan a todos.
- Cuidar el lenguaje: Expresiones como “no puede” o “no sabe” cierran puertas y condicionan el desempeño. Las expectativas del profesorado influyen directamente en los resultados de los estudiantes y en su diálogo interno, sostuvieron.
- Pasar del juicio a la indagación: Detectar los juicios que se emiten sobre un estudiante, preguntarse de dónde vienen, conversar con los equipos de orientación y preguntarle directamente al alumno qué necesita. Rocío Elizondo también invitó a tomar conciencia de las propias creencias limitantes, sin castigarse por ellas.
- Aprender a leer el estrés, propio y del curso: Un mínimo de activación es necesario para aprender —como el café de la mañana—, pero un cerebro amenazado bloquea el aprendizaje porque su atención se enfoca en sobrevivir.
- Reconocer señales físicas de estrés como tensión en la mandíbula o en la boca seca, gritos e insultos entre ellos en el caso de los estudiantes.
- Enseñar las herramientas de regulación en calma, no en plena crisis: Cuando un estudiante está desbordado se produce el llamado “secuestro de la amígdala”, y pedirle que se tranquilice no funciona.
- Ofrecer un abanico de herramientas, porque no a todos les sirve lo mismo: Meditación, visualización, pelotas antiestrés, movimiento o algo tan sencillo como un automasaje de manos —que activa la salivación y, con ella, el sistema de calma—: la clave es que cada estudiante descubra qué lo regula. Coral Elizondo destacó además una tendencia creciente: las “zonas de calma” dentro del aula, espacios siempre opcionales para autorregularse.
- Construir espacios emocionalmente seguros, también entre docentes. Las especialistas propusieron acoger a los equipos docentes al inicio del año, formar grupos de apoyo mutuo, abrir “recreos de la calma” con meditaciones breves y cuidar que los espacios comunes sean amables.
- Cultivar la compasión para prevenir el desgaste profesional. Frente al burnout o “quemado por empatía” —frecuente en las profesiones de cuidado y que, una vez consumado, no suele tener vuelta atrás—, Rocío Elizondo recomendó el entrenamiento en mindfulness y compasión, respaldado por evidencia científica: registrar el sufrimiento del otro y desear ayudarlo, sin identificarse con ese sufrimiento ni cargarlo como propio.
Fuente: 360 Comunicaciones