“Cuando inhalamos partículas ultra finas o gases tóxicos, afectando la producción de neurotransmisores esenciales para el bienestar como la serotonina y la dopamina”, explicaron especialistas de la Universidad de La Serena.
La contaminación ambiental ya no solo preocupa por sus efectos respiratorios o cardiovasculares, ya que diversas investigaciones internacionales están advirtiendo que la mala calidad del aire también podría afectar la salud mental de las personas.
Uno de los estudios más recientes, publicado en la revista científica JAMA, analizó datos de cerca de nueve millones de personas y detectó una relación entre la exposición prolongada a contaminantes y un mayor riesgo de depresión, especialmente en adultos mayores.
Entre los principales contaminantes asociados a estos efectos se encuentran el material particulado fino, el dióxido de nitrógeno y el ozono, presentes principalmente en emisiones vehiculares e industriales.
Con respecto a esto, el académico del Departamento de Psicología de la Universidad de La Serena, Sebastián Corral Zavala, hizo hincapié en que “la contaminación ambiental puede ser diversa, por ejemplo, en el ámbito urbano, el riesgo responde principalmente al material particulado fino (PM2.5) y gases de combustión, los que han sido vinculados con un incremento en la tasa de hospitalizaciones por sus efectos nocivos sobre la salud general y mental”.
Por otro lado, el Doctor en Psicología, recalcó que “hemos realizado estudios en colaboración con la Universidad Católica del Norte que demuestran que la exposición a pesticidas en las provincias de Elqui y Limarí afecta el rendimiento cognitivo de las personas. Lo más relevante de este hallazgo, es la exposición indirecta, ya que no solo los trabajadores agrícolas presentan alteraciones, sino también los habitantes de estas zonas que no realizan labores de campo”.
En cuanto a los efectos que tiene la contaminación del aire en el desarrollo de ansiedad o depresión, el especialista en Neuropsicología de los trastornos mentales, explicó que “cuando inhalamos partículas ultra finas o gases tóxicos, estos cruzan la barrera hematoencefálica e ingresan a nuestro sistema nervioso y el cerebro reacciona activando una neuroinflamación persistente que altera la química cerebral, afectando la producción de neurotransmisores esenciales para el bienestar como la serotonina y la dopamina”.
“Este asedio constante genera un estrés oxidativo que daña estructuras críticas del cerebro, como el hipocampo, facilitando que la vulnerabilidad biológica se transforme en síntomas clínicos de ansiedad o cuadros depresivos, entre otros”, añadió.
Además de esto, el investigador señaló que “existe evidencia científica que vincula el desarrollo infantil en ambientes con altos niveles de contaminación del aire, con una mayor probabilidad de desarrollar esquizofrenia en etapas posteriores como la adolescencia”.
El investigador también sostuvo que “los niños y adolescentes se encuentran en la primera línea de riesgo, ya que sus cerebros están en plena formación y carecen de los filtros maduros para metabolizar estos tóxicos, lo que puede afectar el neurodesarrollo”.
“Un estudio que incluyó el seguimiento por más de 10 años, a más de 370.000 niños y niñas en USA, logró establecer que la exposición prenatal a PM2.5 era un factor de riesgo para desarrollar autismo”, agregó.
En línea con esto, el Corral especificó que “los adultos mayores enfrentan una aceleración del declive cognitivo natural bajo estos ambientes. Este fenómeno es particularmente crítico en residentes de zonas de sacrificio o áreas rurales de alta actividad agrícola, como en el norte de Chile, donde la exposición pasiva a químicos redefine el concepto de vulnerabilidad geográfica”.
Sobre las estrategias para mitigar el impacto emocional, el académico aseguró que “la contaminación es un problema de salud pública y justicia ambiental cuya solución depende principalmente de políticas y regulaciones más estrictas, ya que los cambios individuales son insuficientes y el bienestar emocional seguirá condicionado al lugar donde se resida”.
Efectos físicos
Acerca de los efectos que tiene la exposición prolongada a contaminantes del aire sobre el cerebro y el sistema nervioso, el médico general del Departamento de Salud Estudiantil de la USerena, Fabián Ritz, indicó que esta “puede tener efectos variados en el sistema nervioso, que van desde problemas de desarrollo, cuando la exposición ocurre a edades tempranas, hasta un menor coeficiente intelectual, mayor aparición de la enfermedad de Alzheimer en adultos mayores y de enfermedades de salud mental como la depresión”.
El médico también destacó que “existe evidencia que relaciona factores de contaminación ambiental con enfermedades de salud mental”.
“Hay información relevante que asocia mayor aparición de depresión con algunos elementos contaminantes del aire y ante la presencia de contaminación acústica, como puede ser el ruido vehicular en zonas de alta circulación, o en las cercanías a aeropuertos, que generan mayor tendencia a la aparición de depresión o problemas conductuales en la infancia y adolescencia”, remarcó.
Además de esto, Ritz afirmó que “también ocurre con otros contaminantes ampliamente conocidos, como en el caso del plomo, que cuando está presente durante la gestación y la infancia aumentan el riesgo posterior de depresión y esquizofrenia”.
En cuanto a la prevención, el médico detalló que “a nivel individual, las mejores medidas para mitigar estos efectos en nuestra salud es tener una alimentación balanceada, realizar actividad física, fortalecer los lazos sociales, tener un buen descanso nocturno, no fumar ni exponer a los niños al humo del tabaco, y realizar actividades como meditación, jardinería, paseos en plazas, parques o playas, ya que ayudan a reducir el estrés”.
Ritz también dijo que “juegan un rol importante las leyes y medidas que buscan evitar la exposición a contaminantes, ya que la mejor forma de evitar los daños a la salud es la prevención y evitar que las enfermedades ocurran en primer lugar”.
Debido a esto, el médico argumentó que “la salud mental depende de factores sociales, genéticos y de estilo de vida. En general las enfermedades de salud mental son causadas por una mezcla de varios elementos y no por la presencia de un único gatillante”.
Fuente: U. Serena.