Las estadísticas médicas indican que entre el 40% y el 50% de los menores sufrirá al menos
una fractura antes de los 18 años, siendo el antebrazo la lesión más frecuente. 1
Santiago, 9 de marzo de 2026. Con marzo y el inicio del año escolar en Chile, miles de niños
retoman los deportes, los recreos y las tardes en el parque, momentos que suelen ser los
favoritos del día, pero las estadísticas recuerdan una realidad inevitable, la gravedad no
perdona. Estudios epidemiológicos estiman que el riesgo de sufrir una fractura durante el
crecimiento puede llegar hasta un 42% en niños y un 27% en niñas, e incluso algunas
investigaciones sitúan la incidencia general cerca del 50% antes de la mayoría de edad. El
gran desafío para madres y padres no es solo evitar la caída, sino saber qué hacer cuando el
niño se levanta llorando, si es solo un golpe, un esguince o hay algo roto.
Contrario a la creencia popular, los huesos de los niños no siempre se rompen con el
estruendo de un hueso adulto. Debido a que son más esponjosos y flexibles, a menudo
sufren lo que en medicina se conoce como “fractura en tallo verde”, el hueso se dobla y se
agrieta solo de un lado, similar a lo que ocurre cuando intentamos romper una rama fresca. 3
Esta particularidad biológica hace que muchas fracturas pasen desapercibidas inicialmente,
camuflándose como simples contusiones, pero requiriendo atención médica inmediata.
“El ojo humano y el tacto no son suficientes cuando hablamos de pediatría. Un niño no es
un adulto en miniatura, tiene cartílagos de crecimiento activos en los extremos de sus
huesos que son invisibles a simple vista, pero críticos. La tecnología de rayos X hoy debe ser
capaz de detectar esas fisuras sutiles con mínima radiación, logrando un diagnóstico certero
para los padres”, asegura John Carrillo, Director de Diagnóstico y Terapia Guiada por
Imágenes en Siemens Healthineers.
Identificar estas lesiones a tiempo es vital. Mientras que un esguince afecta los ligamentos,
la fractura compromete la estructura ósea. Sin embargo, en los niños, los ligamentos suelen
ser más fuertes que las placas de crecimiento, por lo que una torcedura de tobillo que en un
adulto sería un esguince, en un niño tiene altas probabilidades de ser una fractura.
- Acta Orthopaedica. Epidemiology of fractures in children and adolescents. Disponible en: https://actaorthop.org/actao/article/view/11017
- Cleveland Clinic. Fracturas en Tallo verde. Disponible en: https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/17812-greenstick-fractures
Para orientar a los padres, se recomiendan tres verificaciones clave antes de aplicar
“remedios caseros”:
● Deformidad visual: Si la extremidad luce torcida o hay un bulto inusual, no intente
enderezarla.
● Incapacidad funcional: Si el niño no puede sostener un objeto ligero o se niega a
apoyar la extremidad tras 20 minutos de calma, es una señal de alerta roja.
● Dolor puntual: Si al presionar suavemente sobre el hueso (no en el músculo) el dolor
es agudo y localizado, es muy probable que exista una fisura.
La radiografía sigue siendo el estándar de oro para despejar estas dudas. Postergar la visita
a urgencias esperando que “baje la hinchazón” puede complicar lesiones en el cartílago de
crecimiento. Al final, la mejor herramienta de un padre es la reacción rápida ante estas
señales.
Fuente: LlyC.