- La Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) presenta un estudio que analiza las trayectorias académicas y psicosociales de estudiantes LGBTIQ+, destacando la importancia de la salud mental y proponiendo acciones para fortalecer entornos universitarios más seguros, inclusivos y libres de discriminación.
Ingresar a la educación superior suele representar una etapa de crecimiento, autonomía y nuevas oportunidades. Sin embargo, para muchas personas de la diversidad sexo-genérica, este proceso también implica enfrentar barreras cotidianas que pueden afectar su bienestar, su sentido de pertenencia y su trayectoria académica. Así lo evidencia un estudio desarrollado por la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), que analiza las experiencias psicosociales y académicas de estudiantes LGBTIQ+.
El informe identifica que el bienestar integral y el desarrollo académico están estrechamente vinculados. En ese contexto, aspectos que para gran parte del estudiantado pueden parecer cotidianos —como el uso de plataformas institucionales, la interacción en el aula o el acceso a espacios comunes— adquieren una relevancia especial cuando no existen condiciones que garanticen el reconocimiento y el respeto de las identidades sexo-genéricas.
Uno de los testimonios recogidos en el estudio da cuenta de la ansiedad que experimentó un estudiante trans durante su proceso de ingreso a la universidad. Completar los formularios de matrícula y crear su correo institucional le generaba temor, ya que aún no había realizado el cambio legal de su nombre y existía la posibilidad de que este fuera expuesto en los sistemas institucionales.
María Claudia Ormazábal Abusleme, directora de Equidad de Género de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), señala que el estudio nació de la necesidad de comprender con mayor profundidad las experiencias de estudiantes de la diversidad sexo-genérica y generar evidencia para seguir fortaleciendo las políticas institucionales de inclusión y bienestar.
“Como Dirección de Equidad de Género nos propusimos realizar este estudio porque vimos la necesidad de profundizar en las experiencias de vida universitaria de estudiantes que, al no formar parte de las mayorías o de lo heteronormado, enfrentan realidades particulares en sus trayectorias académicas y psicosociales. Nuestro anhelo como institución de educación superior es consolidarnos como un espacio seguro para todas las personas”, afirma.
Hacia una cultura del cuidado y la corresponsabilidad
Además de visibilizar estas experiencias, el estudio propone una serie de recomendaciones orientadas a disminuir la denominada “geografía del riesgo”: aquellos espacios, prácticas o dinámicas dentro de la vida universitaria donde pueden producirse situaciones de discriminación, exclusión o violencia que impactan el bienestar y la permanencia de las personas de la diversidad sexo-genérica.
Entre las principales recomendaciones se encuentran fortalecer la coherencia entre los registros administrativos y las plataformas digitales para resguardar el nombre social y evitar situaciones de exposición involuntaria; consolidar estrategias de acompañamiento en bienestar y salud mental; y fortalecer las capacidades del cuerpo académico y del personal universitario mediante procesos de formación en diversidad sexo-genérica, derechos humanos, enfoque de género y prevención de discriminaciones.
Ormazábal destaca que uno de los principales desafíos para la educación superior es seguir fortaleciendo una cultura universitaria que reconozca la diversidad en todas sus expresiones.
“Mirar nuestro quehacer con enfoque de género no significa solo distinguir los efectos de nuestras decisiones entre hombres y mujeres, sino también reconocer las experiencias que existen fuera de ese binarismo. Uno de los hallazgos del estudio es que la UTEM es percibida como una universidad potencialmente más abierta por su carácter público, y esa expectativa nos compromete aún más a seguir construyendo espacios seguros y libres de todo tipo de discriminación”, sostiene.
El estudio concluye que las instituciones de educación superior tienen un rol clave en la construcción de comunidades inclusivas. Las políticas institucionales, las prácticas pedagógicas y las relaciones cotidianas pueden favorecer espacios seguros y respetuosos o, por el contrario, reproducir desigualdades y situaciones de vulneración.
En este escenario, el desafío es avanzar hacia una cultura del cuidado que entregue herramientas concretas para prevenir microagresiones, promover el respeto por la diversidad y garantizar que todas las personas puedan desarrollar su trayectoria universitaria en condiciones de dignidad, reconocimiento y buen trato.
Para conocer más detalles del estudio, revisa el siguiente enlace: https://noticias.utem.cl/wp-content/uploads/2026/07/Resumen-ejecutivo-Estudio-de-trayectorias-LGBTIQ.pdf
Fuente: Vital Comunicaciones