Señor Director:
La ministra del Medio Ambiente ha advertido que Chile enfrentará más olas de calor, una prolongación de la megasequía y mayores riesgos asociados a eventos extremos. No hablamos de escenarios futuros, sino de impactos que ya afectan la salud, la disponibilidad de agua, la energía y la vida cotidiana de millones de personas.
Ante este contexto, la adaptación al cambio climático debe traducirse en decisiones concretas sobre cómo planificamos nuestras ciudades. Una de las herramientas más eficaces y disponibles es el fortalecimiento del arbolado urbano como infraestructura verde esencial.
Los árboles reducen la temperatura del entorno mediante sombra y evapotranspiración, mejoran la calidad del aire, regulan escorrentías y aportan bienestar físico y mental. Diversas mediciones muestran que las zonas con cobertura arbórea presentan diferencias térmicas significativas respecto de aquellas dominadas por asfalto y hormigón, alcanzando reducciones que fluctúan entre 11 y 25 °C. Además, el acceso desigual a áreas verdes profundiza brechas sociales, ya que los barrios con menor vegetación suelen concentrar mayor vulnerabilidad frente al calor extremo.
Si el cambio climático constituye una amenaza creciente para las ciudades, la respuesta debe incorporar soluciones basadas en la naturaleza como parte estructural de la planificación urbana. Fortalecer el arbolado en nuestras ciudades es una medida de salud pública, equidad territorial y resiliencia climática.
Prepararnos para un escenario más exigente exige actuar hoy, con visión y decisión, en el espacio donde las personas viven: sus barrios.
Suzanne Wylie, directora ejecutiva Fundación Reforestemos
Fuente: Corpo