Académico de la PUCV, Felipe Rodríguez, analiza el impacto emocional del retorno a las rutinas tras Fiestas Patrias y entrega claves para flexibilizar las exigencias laborales y escolares antes de diciembre.
El regreso a la actividad laboral tras las Fiestas Patrias puede sentirse especialmente exigente para muchas personas, porque reúne el cansancio acumulado con la percepción de que queda poco tiempo para cumplir las metas del año. La frase “después del 18 ya estamos a fin de año” es muy común y puede tener implicancias afectivas para algunas personas, manifestó Felipe Rodríguez, psicólogo y docente de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).
Después de un fin de semana largo —y en el caso de algunos estudiantes que retornan de vacaciones de una semana asociadas a las celebraciones patrias— retomamos las obligaciones cotidianas, las rutinas y los ritmos de trabajo. Al mismo tiempo, empezamos a anticipar las evaluaciones, los balances de fin de año y todos los compromisos de los próximos meses que, en general, son bastantes cargados en lo laboral y social.
“Esa anticipación puede llevarnos a sentir que todo debe resolverse de inmediato, como si las exigencias de aquí a diciembre tuvieran que ser todas resueltas en la primera semana de regreso. Si bien no todas las personas viven este periodo de la misma manera, psicológicamente, la sensación de urgencia puede hacer más difícil recuperar el ritmo”, precisó el académico.
Para Rodríguez resulta necesario revisar la expectativa de que un feriado necesariamente nos deja descansados. De acuerdo con su experiencia, para muchas personas estas fechas implican viajes, gastos, organización y tareas de cuidado, incluso cuando hubo momentos de entretención y disfrute. Por lo tanto, la extensión del feriado no garantiza que el día lunes nos sintamos con la energía renovada. “Una pausa breve puede no ser suficiente para compensar un cansancio. En ese sentido, esperar volver con toda la energía puede agregar frustración e incluso culpa a un cansancio que ya estaba presente”, puntualizó.
“En adultos, niños y adolescentes, la irritabilidad, la desmotivación y las dificultades para concentrarse pueden expresar sobrecarga y no necesariamente debemos interpretarlo como algo motivacional”, sentenció.
En esta línea, indicó que es muy importante observar la persistencia de estas dificultades, su intensidad y cuánto empiezan a afectar la vida cotidiana. El cansancio que se mantiene, las alteraciones importantes del sueño o la dificultad para responder a actividades habituales merecen atención y pueden requerir apoyo profesional, sobre todo si se vuelven sostenidas en el tiempo e intensas.
Fin de año
Otro aspecto que se debe considerar, a juicio de Rodríguez, es que la “presión de fin de año” tiene, además, una dimensión social. Los anuncios en distintos medios asociados, por ejemplo, a la proximidad de la Navidad, los mensajes sobre cumplir metas anuales, sobre cerrar procesos y aprovechar las “últimas oportunidades” pueden reforzar la idea de que estamos atrasados o de que deberíamos haber logrado más.
“Por eso, sin negar que efectivamente podemos tener compromisos y metas por cumplir, es recomendable revisar qué compromisos tienen realmente un plazo inamovible y cuáles responden a expectativas que podemos conversar, ajustar o postergar. Así como podemos tener relaciones donde predominan las exigencias, el desafío es incorporar en estos vínculos la posibilidad de dialogar, de adaptar, de flexibilizar. Los contextos familiares, académicos y laborales pueden incorporar este tipo de conversaciones”, puntualizó el académico.
Rodríguez sostuvo que cuando las exigencias superan el tiempo y los recursos disponibles, es necesario revisar cargas y distribuir responsabilidades. “En ese sentido, es fundamental entender que cuando hablamos del autocuidado y su relevancia, también es clave comprender que para que exista debe haber un contexto que genere las condiciones para que sea posible; si no, solo se convierte en una tarea más que cumplir”, precisó.
El académico indicó que, a modo de ejemplo, en el trabajo puede resultar útil dedicar algo de tiempo a ordenar los pendientes, priorizarlos y acordar plazos realistas. “Elegir unas pocas tareas relevantes para el día permite transformar una sensación de demanda difusa en acciones concretas que se vuelven abordables”, manifestó el docente.
Agregó que en el caso de los niños y adolescentes, el estrés puede expresarse mediante dolores de cabeza o abdominales, cambios en el sueño, irritabilidad, aislamiento o resistencia a estudiar. Aquí, antes de aumentar la presión, conviene preguntar y preguntarse qué está dificultando la tarea: cansancio, temor a equivocarse, contenidos que no se comprenden o, quizás, la sensación de que hay demasiado por hacer.
“Dependiendo de la edad, podemos ayudarlos a dividir el trabajo en pasos pequeños, acordar tiempos de estudio y reconocer avances concretos; todo esto puede ayudar a recuperar la sensación de urgencia. También es muy importante cuidar el descanso, el juego, los vínculos y mantener una comunicación con el colegio cuando las dificultades persisten”, puntualizó Rodríguez.
Finalmente, dentro del hogar, el cansancio de unos puede intensificar el de otros. “Un adulto sobrepasado puede exigir con menos paciencia; un hijo que se siente presionado puede resistirse, y esa resistencia aumentar la frustración del adulto. Reconocer esta secuencia permite introducir cambios: hacer una pausa antes de reaccionar, preguntar antes de interpretar y reparar cuando se ha respondido de manera desproporcionada. Compartir las tareas y mantener momentos de encuentro que no giran únicamente en torno a obligaciones y resultados también ayuda a cuidar la convivencia”, enfatizó.
Para transitar estos meses de mejor manera, la recuperación necesita un lugar en la vida cotidiana. “Las pausas breves durante la jornada, el sueño suficiente y los espacios de desconexión ayudan a sostener el esfuerzo, aunque requieren acompañarse de cargas razonables. No todo el bienestar puede quedar pendiente hasta las vacaciones de verano. El principio es sencillo: el descanso es parte de lo que necesitamos para cumplir, no un premio por haber terminado todo”, concluyó el académico.
Fuente: PUCV