Los ex líderes de la UC, Ignacio Sánchez, y la U. de Chile, Rosa Devés, junto con el rector de la U. Finis Terrae, Juan Eduardo Vargas, fueron parte del ciclo “El sentido de ser universidad” qué busca revisitar la misión de ser universidad.
Santiago, septiembre de 2026.- En el marco del ciclo “El sentido de ser Universidad” organizado por la Universidad Finis Terrae, se reunieron destacadas autoridades de la educación superior para reflexionar sobre la misión profunda de una universidad, los impactos de la Inteligencia Artificial, la necesidad del diálogo comunitario y la urgencia de revalorizar las artes y las humanidades.
El panel contó con la participación de Rosa Devés, exrectora de la Universidad de Chile; Ignacio Sánchez, exrector de la Pontificia Universidad Católica de Chile; y Juan Eduardo Vargas, rector de la Universidad Finis Terrae. Además, el periodista Matías del Río fue el moderador de la conversación.
Durante la jornada, las autoridades coincidieron en que, en un mundo marcado por transformaciones tecnológicas aceleradas y tensiones sociales, la universidad debe reafirmar su ethos esencial como comunidad viva y espacio de pensamiento crítico.
El rol de la universidad: La búsqueda incesante de la verdad
El panel profundizó en la diferencia sustancial entre la instrucción técnica y el verdadero propósito de la educación superior. Las autoridades coincidieron en que reducir la universidad a una mera acreditación profesional para el mercado laboral desvirtúa su función histórica. La universidad, postularon, existe como una comunidad articulada para buscar desinteresadamente la verdad, el bien y la belleza, manteniéndose libre de sesgos ideológicos, presiones coyunturales o la imposición de dogmas.
En esa línea, Juan Eduardo Vargas advirtió sobre el peligro de reducir la vivencia académica a un trámite funcional: “Si uno piensa que la universidad es simplemente un lugar al cual uno entra y, después de transcurrir una determinada cantidad de años, obtiene un título, está completamente equivocado. La universidad debe ser entendida necesariamente como una comunidad, como un grupo de personas que afanosamente buscan la verdad. Creemos firmemente en que existe la verdad y, en esa búsqueda, lo políticamente correcto no puede ser aquello que predestine esa labor, la cual debe ser desinteresada y libre de prejuicios.”
Por su parte, Ignacio Sánchez, exrector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, apeló al ethos originario para resguardar la libertad de cátedra y el rigor intelectual: “El origen de la universidad es el encuentro entre estudiantes y profesores, la búsqueda de la verdad y de un nuevo conocimiento. El gran desafío de nuestras casas de estudio es mantener ese ethos fundacional de congregarse, de crear una comunidad respetuosa, con sentido de bien común, autonomía de pensamiento y libertad académica.”
En tanto, Rosa Devés, exrectora de la Universidad de Chile, contextualizó la responsabilidad ética de las autoridades recordando el valor de las instituciones en momentos de crisis histórica: “La gran dificultad de dirigir una institución radica en comprender a cabalidad la enorme responsabilidad de cuidar un bien superior: este espacio de pensamiento libre que presenta la capacidad de producir conocimiento y autorreproducirse. Teniendo presente nuestra historia, tenemos que valorar y defender ante todo una universidad libre.”
El rol de las artes y las humanidades
Uno de los diálogos más extensos, fue cuando los rectores hicieron una sólida defensa de las artes, la filosofía, la historia y la literatura. Ante las corrientes que pretenden evaluar el éxito de la educación superior únicamente según métricas de empleabilidad inmediata o retorno económico, y en el marco de recientes debates sobre el financiamiento público a la investigación (ANID), las autoridades remarcaron que sin humanidades un país pierde su capacidad de autocrítica, su identidad y su infraestructura ética.
El Rector de la Universidad Finis Terrae criticó la visión reduccionista del ser humano orientada solo a la productividad: “Un país no es mejor si descree de las humanidades o si no valora la formación de sus profesores, filósofos, historiadores y artistas. ¿Qué sería de nosotros sin nuestros Premios Nobel? No podemos mirar al ser humano únicamente desde un prisma de productividad; la formación general anclada en las artes es lo que permite que un estudiante tenga herramientas para adaptarse a un mundo cambiante.”
El ex Rector UC instó al Estado y a la sociedad a financiar con decisión el pensamiento abstracto y artístico: “En el mundo que estamos viviendo necesitamos mucho más humanidades y no menos; mucho más arte y no menos. Cuando disminuimos las humanidades estamos incentivando lo contrario a la vocación universitaria, que es la reflexión en profundidad. No podemos poner en tela de juicio a las humanidades, sino que debiéramos financiarlas con mayor esmero porque representan el pensamiento transversal de la nación.”
Por último, la ex Rectora de la Universidad de Chile destacó la respuesta transversal de la comunidad científica e intelectual en defensa del área: “Las humanidades son claves en el desarrollo del conocimiento que viene. La reacción transversal en su defensa fue sumamente importante y valiosa: a las humanidades las vamos a proteger desde la ciencia, la tecnología y el conocimiento.”
Diálogo reflexivo para resolver conflictos
Al abordar las tensiones internas y externas que han permeado a las instituciones en la última década, los participantes recalcaron que la única vía legítima y eficaz para la resolución de dilemas es el ejercicio del diálogo, el uso de lenguajes rigurosos pero cuidadosos, y la presencia física constante de las autoridades en el territorio universitario. Coincidieron en que la confrontación y la descalificación degradan el tejido comunitario.
Por lo mismo, Sánchez destacó que la cercanía de los liderazgos es clave para encauzar los desacuerdos: “El diálogo dentro de la comunidad implica un profundo respeto y una escucha activa. La presencia de las autoridades en los espacios donde están los estudiantes es clave; nada es más gratificante para una comunidad que ver que quien dirige la institución está presente y tiene el interés genuino de escuchar.”
IA, tecnología y el valor insustituible de la presencialidad
Frente al avance vertiginoso de las herramientas algorítmicas, la Inteligencia Artificial y la masificación de contenidos en plataformas virtuales, la discusión abordó el valor del campus físico. Si bien la tecnología facilita el acceso a la información, los ponentes enfatizaron que el aprendizaje significativo, el pensamiento crítico y la madurez ética dependen del contacto humano cara a cara, la interacción con los pares y la dinámica interactiva en el aula.
En ese sentido, Vargas subrayó que los lazos afectivos e intelectuales se tejen en el aula física: “Le asignamos un valor enorme a la clase presencial, no solo por la transmisión de contenidos, sino por la posibilidad de desarrollar los lazos que te constituyen en comunidad. Hacemos comunidad fundamentalmente en la presencialidad. La sala de clases requiere una interacción humana que permita valorarla como un lugar para construir comunidad.”
La interdisciplina como exigencia para abordar dilemas complejos
Los panelistas analizaron cómo superar las barreras estructurales e históricas de las carreras tradicionales para articular una educación interdisciplinaria. Explicaron que los problemas contemporáneos (medioambiente, bioética, tecnología) no respetan los límites de una sola disciplina. En este sentido, se abordó tanto el contraste entre campus integrados y sedes dispersas (“islotes”), como las iniciativas concretas de dobles titulaciones y proyectos de investigación conjunta entre diversas facultades.
Por esto, Devés explicó que los avances más consolidados se observan en postgrado e investigación, planteando el desafío del pregrado: “La visión de los conocimientos disciplinares es importante, pero también lo es la libertad de moverse para comprender más profundamente los problemas complejos. La transdisciplina a nivel de investigación y doctorados ha avanzado mucho; el mayor desafío ahora está en el pregrado y requiere un cambio cultural.”
Fuente: U. Finis Terrae.