En épocas invernales tendemos a quedarnos más en casa y reducir la cantidad de actividades sociales. A esto se suma la menor exposición a la luz solar, lo que puede influir en una disminución del estado de ánimo. Como consecuencia, esto puede llevar a un aumento del aislamiento social.
Diversos estudios han mostrado que el aislamiento social incrementa el riesgo de depresión, ansiedad y estrés, ya que el cerebro humano necesita interacción social para regular sus emociones. Un informe global de la Organización Mundial de la Salud (2025) concluyó que la soledad está asociada a más de 871.000 muertes y que 1 de cada 6 personas a escala mundial se ven afectadas por la soledad, lo que conlleva repercusiones importantes para la salud y el bienestar.
Los efectos del aislamiento no son solo mentales, sino que también pueden tener consecuencias físicas. Estudios en neurociencia han demostrado que el aislamiento puede aumentar el cortisol (hormona del estrés), generar inflamación crónica y reducir la capacidad del sistema inmunológico para defenderse de enfermedades.
La terapeuta ocupacional de las residencias Senior Suites, Francisca Vidal , señala que “en las personas mayores, el aislamiento social se ha vinculado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y una mayor probabilidad de desarrollar demencia. En este sentido, la interacción social actúa como una forma de estimulación mental fundamental para el bienestar cognitivo”.
Esta situación puede ser aún más compleja en personas que viven solas, como ocurre en muchos adultos mayores. Sin embargo, es posible prevenir o mitigar estos efectos. No se trata únicamente de salir de casa, sino de mantener el contacto social de manera constante, incluso a través de llamadas, mensajes o videollamadas, aunque sean breves.
El ejercicio físico también ayuda a contrarrestar los efectos de la soledad prolongada, ya que reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. Incluso rutinas cortas de aproximadamente 15 minutos pueden ser beneficiosas.
Asimismo, es importante mantener la exposición a la luz natural, saliendo de casa al menos unos minutos al día y abriendo las cortinas del hogar durante la mañana.
Finalmente, la estimulación mental también desempeña un papel fundamental. Actividades como la lectura, la escritura, escuchar podcasts o practicar juegos que desafíen el pensamiento ayudan a mantener la mente activa y saludable.
En términos generales, mantener entre dos o tres interacciones sociales significativas por semana ya puede reducir de manera importante los efectos negativos del aislamiento social.
Fuente: Imaginaccion