Santiago, 12 de mayo de 2026 En los últimos meses han sido recurrentes episodios de inseguridad y violencia en establecimientos educacionales como colegios y universidades, levantando el cuestionamiento de los estándares de seguridad, los protocolos de respuesta y la idoneidad de quienes están encargados del diseño y ejecución en esas instituciones.
“En un contexto como el actual es importante reconocer la necesidad de protocolos claros y que sean ejecutados por agentes especializados, para que no interrumpan el proceso formativo de los estudiantes ni complejicen la convivencia de la comunidad. Especialmente, no se puede sobrecargar a los encargados de educación con tareas propias de seguridad”, plantea Javier Sotomayor, gerente general de Grupo EULEN Chile.
De hecho, hace solo unos días, la Superintendencia de Educación emitió un documento llamado Guía práctica de medidas de seguridad para establecimientos educacionales que “aborda desde la actualización de protocolos y la creación de Comités de Seguridad, hasta medidas específicas de coordinación interinstitucional, control de accesos, sistemas de alarma, vigilancia y el deber de denuncia”.
“Es importante que el debate también integre el tema de quién es responsable de la seguridad física del recinto, con qué formación, bajo qué estándares y con qué protocolos operacionales. Los protocolos necesitan personal capacitado en gestión de emergencias, control de acceso con criterio profesional y una estructura de respuesta que no dependa solo del director del colegio”, plantea Grupo EULEN, empresa especialista a nivel mundial en seguridad integral.
La experiencia de Grupo EULEN muestra que, para potenciar la convivencia y la tranquilidad, el sector de educación debe seguir prácticas de otros sectores, como la minería, la salud o la banca, que establecen protocolos claros de seguridad y estándares frente a diferentes situaciones, gestionados por especialistas en estrecha coordinación con la autoridad. “Vemos que en muchas instituciones de educación escolar y superior hay poca conciencia sobre el desafío de seguridad y qué es lo permisible, manteniendo siempre la privacidad y cuidado de los estudiantes”, explica Sotomayor.
La importancia de escalar la seguridad según sea necesario
El ejecutivo plantea que, para una adecuada gestión, deben seguirse pasos establecidos:
- Evaluar riesgos y vulnerabilidades de la zona en que el establecimiento está inserto. Ello se debe hacer periódicamente por si es necesario generar actualizaciones.
- Establecer sistemas de control y vigilancia, incluyendo las herramientas, personal y procedimientos: guardias de seguridad, monitoreo perimetral a través de cámaras, control de acceso, inspección electrónica de bolsos (rayos o detección de metales), medidas de seguridad electrónica, información y control del entorno, patrullaje, cooperación con vecinos y municipalidad.
- Establecer protocolos de respuesta en caso de ocurrencia de situaciones complejas, en conjunto con la autoridad.
“En la medida que las instituciones y comunidades educativas asumen este nuevo escenario y realizan una adecuada definición e implementación de protocolos, potencian la seguridad y por supuesto la convivencia, ya que se disminuyen fuertemente los hechos de violencia y de delincuencia. Además, la seguridad evita ausentismo y perder horas lectivas”, explica el responsable de Grupo EULEN.
Para campus abiertos, la seguridad también es necesaria
Sotomayor destaca que la seguridad en el ámbito de educación es especialmente relevante para los campus universitarios, que muchas veces son abiertos o están integrados a parques. “La seguridad no es un problema de cierre, sino de gestión de las vulnerabilidades”. Así, la estrategia de seguridad puede incluir diferentes herramientas como: seguridad física, seguridad electrónica (cámaras, centros de monitoreo centralizado), guardias de seguridad, patrullajes y vigilancia por drones.
A diferencia de los colegios, las universidades enfrentan desafíos de seguridad más amplios como gestión de su entorno, evitar robos al interior de los campus y, por supuesto, la seguridad física de las personas ante situaciones tan distintas como delincuencia, peleas o protestas violentas.
Fuente: Grupo Strategika.