En el Día del Kinesiólogo es importante destacar la labor que estos realizan con las personas que se encuentran en las llamadas tercera y cuarta edad. Para ellos, la terapia va más allá de la rehabilitación física, se trata de generar un vínculo: conversar, acompañar y conocerlas. Acá les contamos más de esta importante labor.
Nuestro país está envejeciendo. En 2024 la población de 60 años o más alcanzaba el 19,8%, casi el doble respecto de 1992, cuando representaba el 9,8%. Mientras que los mayores de 80 años pasaron de 176 mil, en 1992, a más de 590 mil, en 2024. Y en este contexto, el rol de los kinesiólogos en el cuidado de personas mayores se ha vuelto cada vez más relevante.
Más allá de la rehabilitación física, estos profesionales están llamados a mejorar la calidad de vida de las personas mediante intervenciones integrales que combinan movimiento, acompañamiento y estrategias personalizadas, en un trabajo donde lo clínico y lo humano se toman de la mano.
Los kinesiólogos cumplen un rol clave en la promoción de la funcionalidad y la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, adaptando cada intervención al estado funcional de los pacientes. Su labor -según detalla Valentina Mohr Errazu, kinesióloga de Acalis Jardines de Valle Alegre- incluye evaluaciones constantes, talleres grupales enfocados en el fortalecimiento muscular, el equilibrio, la coordinación y la prevención de caídas, además de atenciones individuales según las patologías específicas de cada persona. “El enfoque es integral, considerando tanto las dimensiones físicas como emocionales”, señala.
Y agrega: “Uno de los aspectos más relevantes de esta labor es el vínculo que se genera con las personas. Se trata de un trabajo profundamente humano, basado en la confianza, la cercanía y el respeto, donde el acompañamiento durante el proceso de rehabilitación adquiere un valor significativo. Los avances, incluso los más pequeños, forman parte de un proceso que no solo impacta en la funcionalidad, sino también en la autoestima y el bienestar general de las personas mayores. El kinesiólogo no solo actúa como un profesional de la salud física, sino también como un apoyo emocional, capaz de contener frustraciones, reforzar logros y generar espacios seguros donde los pacientes se sientan valorados”.
La recuperación de la autonomía en actividades básicas de la vida diaria es el objetivo central del trabajo kinesiológico, con efectos directos en la calidad de vida. Y, en este contexto, fomentar la adherencia a las sesiones es un desafío muy importante.
Para ello, los kinesiólogos implementan diversas estrategias, reconociendo la diversidad de historias y experiencias de los pacientes. En algunos casos, se rescatan intereses previos, como la práctica deportiva, mediante ejercicios adaptados; en otros, se incorporan herramientas como la música o la escucha activa para fortalecer la motivación.
“Se busca que las sesiones sean instancias agradables, promoviendo un ambiente positivo que incentive la participación. Y cuando los propios pacientes comienzan a percibir mejoras —como mayor seguridad al desplazarse o bienestar físico— aumenta su compromiso con el proceso terapéutico. De esta manera, el ejercicio deja de ser una indicación para transformarse en una experiencia significativa”, explica la kinesióloga de Acalis Jardines de Valle Alegre.
Desde esta mirada, la calidad de vida en la tercera y cuarta edad se entiende como un equilibrio entre autonomía, bienestar emocional y participación activa en la vida cotidiana.
Fuente: panisello.