El reciente anuncio del expresidente Donald Trump de acelerar la investigación y el acceso regulado a terapias con psicodélicos en salud mental volvió a poner este tema en el centro del debate internacional. Más allá de la discusión política en Estados Unidos, la señal es clara, un campo que durante años fue marginal comienza a entrar en la conversación institucional. En Chile, donde estas terapias aún están en una fase incipiente, el debate adquiere una nueva urgencia.
¿Es posible cambiar la forma en que funciona nuestra conciencia para sanar heridas o traumas psicológicos? Esa pregunta, que hace algunos años parecía lejana, hoy forma parte de un campo clínico con creciente evidencia científica, el de las terapias asistidas con psicodélicos y que producen estados modificados de conciencia. Se trata de tratamientos que combinan psicoterapia tradicional con medicamentos y sustancias como ketamina, esketamina, psilocibina o MDMA; utilizadas bajo estrictos protocolos médicos para ayudar a pacientes con depresión, angustia severa, trauma u otros trastornos complejos.
A diferencia de los tratamientos más comunes, estas terapias combinan el acompañamiento psicoterapéutico con sustancias que inducen temporalmente cambios en la percepción, la emoción y la cognición. El objetivo no es generar una experiencia aislada, sino abrir una ventana terapéutica que permita procesar recuerdos, emociones o patrones mentales que suelen permanecer bloqueados en estados ordinarios de conciencia.
Hace poco más de dos décadas, universidades y centros médicos internacionales han comenzado a estudiar estas intervenciones con creciente interés. Investigaciones desarrolladas en instituciones como las universidades Johns Hopkins, Standford Cambridge o Yale han aportado evidencia sobre su potencial terapéutico en determinados cuadros clínicos.
¿Qué ocurre en el cerebro?
Parte del interés científico por estas terapias se relaciona con los avances en neurociencia sobre cómo funciona el cerebro en trastornos como la depresión o el trauma. Una de las estructuras que ha concentrado la atención de los investigadores es la llamada red neuronal por defecto, un sistema cerebral asociado a los procesos de autorreferencia y a la narrativa que las personas construyen sobre sí mismas.
“Lo que sabemos es que existe esta red neuronal por defecto y una de las hipótesis principales dentro del campo de la ciencia psicodélica es que esta estructura funciona constantemente como un mecanismo de autorreferencia. Es como si fuera un piloto automático constantemente diciendo ‘yo soy yo y tengo esta identidad’”, explica Nicolás Berasain, psicólogo y director clínico de Mindeliq Institute (primer centro clínico que ofrece este tipo de tratamiento en Chile).
Según el especialista, esa identidad también es el lugar donde suelen fijarse muchas de las experiencias dolorosas que llevan a las personas a buscar ayuda terapéutica. “La identidad es justamente el lugar donde se van incrustando los traumas, los complejos, las dificultades que nos llevan a terapia. Entonces, cuando ocurre que una molécula como esta es capaz de ‘desactivar’ esta red neuronal por defecto, el paciente momentáneamente tiene la opción de resetearse”, señala.
Diversos estudios sugieren que estas intervenciones podrían activar procesos asociados a la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones neuronales. En términos simples, se trataría de generar temporalmente un estado de mayor flexibilidad cerebral, en el que se abren nuevas formas de comprender experiencias difíciles o patrones mentales rígidos.
“Los estados modificados de conciencia nos permiten ampliar el espectro de interpretación. Es como si lo que usualmente miramos desde un ángulo, que se va petrificando con el tiempo, se amplifica y se abren nuevas opciones de interpretación. Eso amplifica también la libertad de responder al mundo y al dolor”, explica Berasain.
Desde la práctica clínica, agrega, este tipo de procesos suele traducirse en una experiencia que los pacientes describen como profundamente reveladora. “En la experiencia clínica he observado que los pacientes pueden venir por motivos diversos: trauma, adicciones o depresión severa; pero de manera muy transversal dicen que se encuentran con nuevas posibilidades interiores. Y eso es algo que no les da la farmacología tradicional. Es como si acceder a otras capas de sí mismos les diera opciones que no habían reconocido anteriormente”.
Psicoterapias asistida con Estados Modificados de Conciencia
Entre las modalidades que más estudiadas y con mayor evidencia científica se encuentra la psicoterapia asistida con ketamina o esketamina, conocida como KAP (por sus siglas en inglés). En este modelo, la administración del fármaco se realiza en un entorno clínico y bajo supervisión médica, como parte de un proceso terapéutico que incluye preparación previa y sesiones posteriores de integración. Diversos estudios han mostrado que esta intervención puede reducir rápidamente síntomas de depresión resistente y disminuir la ideación suicida en pacientes que no han respondido a tratamientos convencionales.
Otro enfoque que ha generado gran interés científico es la terapia asistida con psilocibina, el compuesto activo presente en ciertos hongos. Ensayos clínicos han mostrado resultados prometedores en el tratamiento de depresión mayor y ansiedad asociada a enfermedades graves, observándose en algunos casos mejoras que se mantienen durante varios meses tras una o dos sesiones supervisadas.
Regulación nacional e internacional
El avance de estas terapias ha ido acompañado de un debate regulatorio en distintos países. En Estados Unidos y Europa, la esketamina intranasal, una variante de la ketamina, fue aprobada para el tratamiento de depresión resistente por agencias regulatorias como la U.S. Food and Drug Administration y la European Medicines Agency.
En Chile, estas terapias aún son poco conocidas y su desarrollo se encuentra en etapas iniciales. La ketamina y esketamina sí tiene autorización sanitaria como anestésico y analgésico, y su uso en psiquiatría ha comenzado a explorarse en algunos contextos clínicos bajo supervisión médica.
Sin embargo, las terapias asistidas con psilocibina o MDMA no cuentan actualmente con aprobación para uso clínico fuera de contextos de investigación, lo que refleja el carácter emergente de este campo.
El psiquiatra Sergio Basaez, puntualiza que “es muy importante que este procedimiento sea llevado adelante por un equipo profesional que incluya al anestesiólogo, que esté monitoreando la administración en todo momento; y al terapeuta. Después de la administración del fármaco, tenemos un período crítico, que es de 48 horas, en donde debe haber una psicoterapia integrativa con alguien que ya conozca al paciente y en donde ya se hayan fijado los objetivos a tratar en la terapia. Es la psicoterapia la que me va a permitir encauzar la experiencia y avanzar en el proceso psicoterapéutico.”
Fuente. Samara