● Fundación Patio Vivo, junto al SLEP Barrancas y con el apoyo de Fundación Estrella del Sur, desarrolló este proyecto en la Escuela Millahue de Cerro Navia para transformar su patio en un entorno de aprendizaje al aire libre. Mayor cantidad de árboles, vista hacia la cordillera y predominancia de la naturaleza fueron algunas de las incorporaciones que se realizaron en base a los requerimientos de los mismos alumnos.
● Este nuevo espacio también favorece la buena convivencia entre los estudiantes, reduce en más de un 50% el sedentarismo durante los recreos, aumenta la interacción de género y el juego, potenciando el desarrollo de los niños.
Santiago, abril de 2026.- Un pequeño bosque urbano crece hoy dentro del patio de la Escuela Millahue, en Cerro Navia. Lo que antes era un espacio dominado por el cemento, hoy integra árboles, plantas y zonas de aprendizaje al aire libre, transformando la experiencia escolar de estudiantes de 1° y 2° básico.
El nuevo Paisaje de Aprendizaje, denominado “Un jardín en el tiempo”, fue desarrollado por Fundación Patio Vivo junto al SLEP Barrancas y con el apoyo de Fundación Estrella del Sur, en el marco de la iniciativa Barrios por el Clima. La intervención busca mejorar las condiciones en que niños y niñas aprenden, incorporando naturaleza como parte activa del proceso educativo.
El proyecto suma 250 m² de cobertura vegetal, con 24 árboles frutales, 10 especies nativas y más de 300 plantas, permitiendo avanzar hacia la creación de un pequeño bosque urbano dentro del establecimiento. Este tipo de soluciones no solo transforma el espacio físico, sino que también impacta directamente en el bienestar y el aprendizaje.
Según datos recolectados por Patio Vivo en los proyectos que ha implementado, el interés de los niños y niñas por explorar y jugar ha aumentado considerablemente. Hasta un 86% más de estudiantes se atreve a desafiar sus cuerpos a través del juego, una instancia transversal en términos de género, lo que también favorece la interacción entre niños y niñas. Al convertirse el juego y la exploración en el principal foco durante los recreos, aumentan el movimiento y la actividad física, lo que permite reducir el sedentarismo en un 50%.
Respecto de las temperaturas, la organización ha visto que estas intervenciones pueden reducir hasta en 20°C la temperatura superficial en comparación con espacios dominados por el cemento. A ello se suma la mejora en la calidad del aire, la reducción del ruido y la generación de entornos más propicios para la concentración, la convivencia y el desarrollo integral.
Más allá de mitigar el calor, el impacto es permanente, ya que se trata de espacios que regulan el ambiente durante todo el año, amortiguan el frío, disminuyen la contaminación y permiten diversificar las experiencias pedagógicas, integrando el juego, la exploración y el aprendizaje al aire libre.
“Este patio no es solo recreativo, también es una instancia educativa, donde los niños juegan, interactúan con la naturaleza, aprenden a cuidarla y sobre sus cambios a lo largo de las estaciones. Cuando las escuelas tienen este tipo de espacios, también se ve una mejora en el clima de convivencia escolar, que es clave para el proceso de enseñanza”, comentó el director del SLEP Barrancas, Patricio Canales.
“La crisis climática nos obliga a repensar la infraestructura escolar. Los patios de pavimento duro o pasto sintético actúan como islas de calor en verano y, en invierno, impiden la infiltración de agua, colapsando los sistemas de drenaje. Transformar estos espacios mediante soluciones basadas en la naturaleza —como árboles, vegetación y pavimentos permeables es una medida de adaptación climática, y además una inversión en convivencia escolar. Los entornos con naturaleza reducen el estrés y los conflictos, permitiendo que niñas y niños se vinculen de forma positiva y desde el juego. Así, el patio deja de ser un espacio inerte para convertirse en una herramienta pedagógica donde se aprende a convivir y se cuida la naturaleza”, aseguró Ángela Ibáñez, cofundadora y directora de Expansión de Fundación Patio Vivo.
Desde Fundación Estrella del Sur destacaron el impacto de este tipo de iniciativas en el desarrollo de los estudiantes. “Este patio nace con un propósito claro: fomentar la conciencia. Conciencia del entorno, en los detalles de la naturaleza que cambian con las estaciones; conciencia del territorio que habitamos; y también conciencia de nosotros mismos, a través del movimiento, el juego y el encuentro. Esperamos que este espacio se transforme en un lugar de curiosidad, aprendizaje y comunidad”, señaló su directora ejecutiva, Isabel Guzmán.
Proceso participativo
La propuesta fue diseñada junto a los estudiantes, quienes realizaron trabajos para plasmar visualmente el patio ideal que les gustaría tener. De ahí surgió el requerimiento de incorporar más árboles, naturaleza, vista a la cordillera, lugares de juego y espacios de encuentro tranquilo. A partir de ello, se desarrolló un concepto centrado en el paso del tiempo como herramienta de aprendizaje, donde los ciclos naturales permiten observar de forma concreta los cambios estacionales.
La intervención incluyó maceteros en distintos niveles, zonas de descanso, juegos de desafío y espacios de aula abierta, promoviendo tanto la actividad física como el aprendizaje al aire libre.
Además, el proyecto contempla acompañamiento y capacitación docente para potenciar el uso pedagógico del patio, promoviendo experiencias de aprendizaje más activas, significativas y conectadas con el entorno.
Fuente: 360comunicaciones.