- Cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua y expertos advierten que Chile enfrenta una crisis hídrica estructural —con cerca de 16 años de sequía, déficits de precipitaciones de hasta 78% y embalses en niveles críticos— que obliga a un cambio urgente en la gestión del recurso, impulsando un giro cultural hacia el agua como bien común y el uso de tecnologías para una administración más eficiente, predictiva y sostenible frente a un escenario que podría reducir su disponibilidad hasta en un 50% hacia 2060.
Marzo, 2026.- Fue en 1993 cuando la Organización de Naciones Unidas proclamó oficialmente cada 22 de marzo como el Día Mundial del Agua, con el objetivo de generar conciencia acerca de la importancia de cuidar el recurso en el planeta, un elemento vital para la vida de todas las especies de la Tierra.
No obstante, más allá de las buenas intenciones, especialistas advierten que la crisis hídrica en Chile se mantiene como uno de los principales desafíos ambientales y sociales del país, con impactos que ya se extienden por más de una década.
El país atraviesa una de las sequías más prolongadas de su historia, acumulando cerca de 16 años de falta de lluvias, con efectos visibles en gran parte del territorio. Según datos recientes de la Dirección General de Aguas (DGA), el país registra déficits de precipitaciones que fluctúan entre un 6% y un 78% respecto de los promedios históricos.
A esto se suma una disminución sostenida en las reservas: los embalses presentan niveles inferiores a años anteriores y regiones como Coquimbo mantienen infraestructura hídrica bajo el 20% de su capacidad.
El escenario es aún más desafiante a futuro. Proyecciones oficiales indican que la disponibilidad de agua podría reducirse hasta en un 50% en la zona norte y centro hacia 2060, producto del cambio climático.
En paralelo, la Región Metropolitana —donde se concentra gran parte de la población— sigue enfrentando condiciones de alta vulnerabilidad hídrica, con una acumulación de nieve en niveles críticos y presión creciente sobre el abastecimiento urbano y agrícola.
Cambio cultural urgente
Desde la academia, el llamado apunta a entender el agua como un recurso estratégico y limitado.
Ricardo Zamarreño, docente de la Universidad del Alba, explica que el estrés hídrico en Chile no es solo un problema ambiental: es una visión que muestra nuestra forma de actuar. Durante décadas, nuestro país consideró el agua como un recurso infinito, privatizable y disponible para sostener modelos productivos intensivos.
“Lo interesante de la sequía, que estamos sufriendo, es que está forzando a un giro cultural inevitable. No es suficiente con cuidar el recurso agua; se está instalando una nueva narrativa donde el agua pasa a ser un bien común, para nuestra sociedad. Comunidades rurales, municipios, organizaciones ambientales, ciudades y empresas están generando nuevas prácticas de gestión hídrica, con mayor participación de todos los entes sociales”, destacó el docente.
El experto recalcó que este cambio cultural no ocurre de un día para otro. Implica revisar creencias arraigadas y generar tecnologías que nos permitan reutilizar el agua y no eliminarla de inmediato después de pasar por las plantas de tratamiento de aguas.
“En el fondo, el estrés hídrico está actuando como un catalizador, que nos está obligando a repensar cómo vivimos, cómo producimos y cómo nos relacionamos con el territorio”, sostuvo Ricardo Zamarreño.
Tecnología: clave para la gestión del futuro
Frente a este escenario, la tecnología aparece como una herramienta clave para enfrentar la crisis. Soluciones como monitoreo en tiempo real, reutilización de aguas, desalación y gestión inteligente de redes ya están marcando el camino.
David Burrieza, director de los Mercados de Energía, Telco e Industria para la región de Indra Chile, Perú y Cono Sur, en su reciente columna sobre el Día de la Energía, explicaba que “la transición no se gana solo instalando capacidad; se gana operando mejor”, una lógica que hoy también resulta clave para avanzar hacia una gestión hídrica más eficiente y sostenible.
En efecto, la tecnología permite pasar de una gestión reactiva a una gestión predictiva del agua. Hoy es posible anticipar sequías, optimizar la distribución y reducir pérdidas mediante sistemas digitales, inteligencia artificial y análisis de datos.
Y es que la crisis hídrica ya no es solo un problema ambiental: impacta la agricultura, la energía, las ciudades y la vida cotidiana de millones de personas.
Fuente: We Comunicaciones