- Experiencia, acuerdos y el sentido del trabajo
Por Ariel Cëa Parra, Socio WE Comunicaciones & Asuntos Públicos.
Con los años me ha tocado estar muchas veces en ambos lados de la mesa.
He sido cliente y he sido proveedor.
Aunque, siendo honesto, en los últimos diez años mucho más proveedor que cliente.
Ese recorrido te va enseñando cosas que no aparecen en los manuales ni en las presentaciones. No tanto sobre herramientas o metodologías, sino sobre algo más básico: cómo se sostiene una relación de trabajo en el tiempo.
Porque más allá de las ideas, la creatividad, la tecnología o las tendencias, todo negocio descansa en lo mismo: acuerdos. Acuerdos explícitos y tácitos. De expectativas, de roles, de responsabilidades y de confianza.
Desde el rol de proveedor, uno aprende rápido que no todo se trata de tener la razón. A veces se trata de cumplir lo comprometido, explicar lo necesario y mantener una conducta profesional incluso cuando el contexto se vuelve confuso o incómodo. El valor no está solo en lo que se entrega, sino en cómo se sostiene el proceso.
Desde el rol de cliente, también se aprende. Se entiende la presión por resultados, los tiempos acotados, las urgencias reales. Y se valora mucho más cuando un proveedor no solo ejecuta, sino que aporta sentido, advierte riesgos y cuida el impacto de las decisiones.
Con la experiencia, empieza a quedar claro que el conflicto no suele estar en las personas, sino en la falta de acuerdos bien cuidados. Cuando eso falla, aparecen los malentendidos, las expectativas desalineadas y la sensación de que “algo no funcionó”, aunque técnicamente todo se haya entregado.
Hoy, desde WE Comunicaciones, seguimos remando en ese mismo sentido. En un contexto cada vez más rápido, más ruidoso y más exigente, el foco sigue siendo el mismo: trabajar con seriedad, respetar los acuerdos y aportar sentido a lo que hacemos. Entender que, más allá de los formatos o las herramientas, lo que construye valor es la forma en que se trabaja.
En un escenario donde la ejecución es cada vez más accesible, el verdadero diferencial pasa por otro lado. Pasa por el profesionalismo. Por cumplir lo comprometido. Y por recordar que, en el fondo, toda actividad mercantil tiene un objetivo simple pero exigente: crear valor real para todas las partes involucradas.
Después de muchos escenarios distintos, y de muchos aprendizajes —algunos cómodos y otros no tanto— me quedo con una idea sencilla: más allá de las ideas, las modas o la tecnología, lo que sostiene cualquier negocio es la seriedad con la que se asumen los acuerdos y el respeto por el trabajo del otro.
Y eso, al final del día, sigue siendo profundamente humano.
Fuente: We Comunicaciones