- Cifras nacionales revelan que apenas el 26,4% de los menores en Chile cumple con el nivel mínimo de actividad física recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
- Rodrigo Soto Lagos, académico de la Universidad San Sebastián, señala que el exceso de pantallas —que puede superar las 4 horas diarias en verano— dispara los niveles de ansiedad e irritabilidad.
El inicio del periodo estival ha encendido las alarmas en el ámbito de la salud mental y física. Sin la estructura de la jornada escolar, miles de niños, niñas y adolescentes en Chile enfrentan un aumento drástico en la inactividad física, una realidad que las estadísticas respaldan: según la última Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte (2024), solo 3 de cada 10 menores son activos físicamente, dejando a un preocupante 73,6% en categorías de inactividad o actividad parcial.
Para el psicólogo Rodrigo Soto, director de la Carrera de Psicología de la Universidad San Sebastián (USS), este escenario representa un riesgo invisible pero profundo. “Durante el año, el colegio asegura un piso mínimo de movimiento y socialización. Al desaparecer esa estructura, la responsabilidad recae en las familias, quienes muchas veces ceden a las pantallas, la construcción de rutinas y la creación de actividad lúdicas y recreativas. Las cifras del Ministerio del Deporte nos muestran que solo un 4,7% de los escolares cumple con los estándares de movimiento dentro del horario escolar, lo que hace que el déficit en vacaciones sea aún más crítico”, explica Soto.
Pantallas y ansiedad: El círculo vicioso
El consumo digital en vacaciones suele superar las seis horas diarias, según estudios recientes en Chile, excediendo el umbral crítico de cuatro horas asociado a mayores cuadros de ansiedad y trastornos del sueño.
De hecho, el “apagón físico” es más severo en adolescentes (13 a 17 años), cuya inactividad supera el 80% en Chile, y en preadolescentes (10 a 12 años), que hoy priorizan la interacción digital sobre el juego. “Al sustituir el movimiento por el scroll infinito, el cerebro recibe dopamina barata pero no libera la tensión acumulada, lo que deriva en irritabilidad y desregulación emocional profunda”, explica el director de Psicología USS.
El desafío de los 60 minutos
Ante un escenario donde el 50,9% de los escolares presenta malnutrición por exceso (Mapa Nutricional Junaeb 2024), Soto recalca que la actividad física es el principal motor de regulación emocional ya que ofrece la posibilidad de encontrarse con otras personas y jugar. Aunque la Ley del Deporte promueve 60 minutos diarios de movimiento en colegios, el reto es trasladarlo al hogar. “No necesitamos atletas de élite en verano, sino recuperar el juego activo como herramienta de protección mental para contrarrestar el sedentarismo que afecta a 7 de cada 10 menores en el país (Ministerio del Deporte)”, concluye.
Recomendaciones para las familias
Ante este escenario, el director de la Carrera de Psicología USS propone estrategias prácticas para este verano:
- El desafío de los 60 minutos: Intentar replicar en casa el estándar escolar de una hora de movimiento diario, no necesariamente a través de deporte competitivo, sino de juego activo, que además fortalezcan el vínculo familiar y la socialización más allá del resultado deportivo.
- Establecer “zonas libres de pantallas”: Especialmente antes de dormir, para combatir el insomnio que afecta al 11,5% de los jóvenes chilenos.
- Fomentar el juego vinculado: “El bienestar emocional es sistémico. Si los cuidadores se involucran en una caminata o un juego de plaza, el impacto en la salud mental del niño es doble: por el ejercicio y por el fortalecimiento del vínculo”, concluye Soto.
Fuente: USS.