Por Felipe Barros, Gerente General de Ecológica
Chile inicia un nuevo ciclo político y, con él, una oportunidad clave para revisar cómo estamos implementando una de las políticas ambientales más relevantes de los últimos años para el país: la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor. Más allá del debate político, el desafío está en cómo avanzamos desde una lógica centrada en la gestión de residuos hacia una economía circular efectiva.
El informe “Preparando la entrega del testimonio en materia ambiental”, elaborado por el Instituto para el Desarrollo Sustentable de la Universidad Católica, pone sobre la mesa un punto clave para esta discusión. La economía circular no tiene como objetivo principal reciclar más, sino reducir la demanda y extracción de recursos desde el origen. Para ello, existe una jerarquía clara: primero prevenir y rediseñar, luego reutilizar y, solo como última instancia, reciclar.
Esta jerarquía está reconocida en la propia Ley REP, que plantea la reducción en la generación de residuos como uno de sus fines centrales. Sin embargo, en la práctica, el desempeño de su implementación se ha medido mayoritariamente a partir de porcentajes de recolección y valorización. Si bien estos indicadores son necesarios para poner en marcha el sistema, resultan parciales, ya que no reflejan la pérdida de calidad de los materiales recuperados ni permiten evaluar si efectivamente se está sustituyendo el uso de materias primas vírgenes o reduciendo impactos ambientales relevantes.
Pero la transición hacia una economía circular no se decreta, se construye. Y eso implica capacidades técnicas, infraestructura adecuada y, sobre todo, educación y cambio cultural.
En este contexto, el nuevo gobierno tiene la oportunidad y también la responsabilidad de dar ese salto cualitativo. Para lograrlo, será clave incorporar una mirada de ciclo de vida, coherencia técnica y una voluntad clara de construir un sistema que funcione no solo en la normativa, sino también en la realidad.
La discusión que viene no debería centrarse en si la Ley REP es buena o mala, sino en cómo perfeccionarla para que cumpla su promesa original: reducir la generación de residuos, disminuir la presión sobre los recursos naturales y avanzar hacia un modelo productivo más resiliente y eficiente. En ese camino, el reciclaje es una herramienta relevante, pero no un fin en sí mismo.
La verdadera circularidad comienza mucho antes, en el diseño, en el uso y en la forma en que entendemos el valor de los materiales.
Fuente: Corpo