- Una investigación realizada por el Observatorio Social de la Universidad del Alba determinó que jóvenes de entre 18 a 29 años son el tramo etario que menos relevancia le dan a sus empleos, alcanzando apenas un 83,1%, mientras que las personas mayores de 60 años casi en su totalidad lo definen como muy importante para sus vidas (95%).
- El estudio muestra además que para las personas tener un buen sueldo es prioridad al momento de conseguir un empleo (66,5%), superando, por ejemplo, a tener un buen ambiente laboral (61,7%), más estabilidad (44,2%) o hacer lo que les gusta (34,9%).
- La investigación destacó también que casi un 60% de los encuestados está poco o nada preocupado de perder sus trabajos.
Enero, 2026. – La última Encuesta Monitor Social, realizada por el Observatorio Social de la Universidad del Alba, reveló datos relevantes en la forma en que las personas en Chile perciben el trabajo y su rol en la vida personal.
Si bien el empleo sigue siendo altamente valorado, su significado ha comenzado a transformarse, especialmente entre las generaciones más jóvenes. De acuerdo con el estudio, un 93,7% de los encuestados considera que el trabajo es importante o muy importante en su vida. Sin embargo, esta valoración desciende de manera significativa entre quienes tienen entre 18 y 29 años, donde solo un 83,1% le atribuye esa relevancia.
La brecha se amplía al observar otros grupos etarios. En el tramo de 30 a 44 años, un 93,4% considera el trabajo como relevante, mientras que entre las personas de 49 a 59 años la cifra alcanza un 97,5%. En los mayores de 60 años, el porcentaje llega a un 95%.
Al respecto, Marcelo Estrella, director del Observatorio Social de la Universidad del Alba, explica que “los datos muestran que el trabajo sigue ocupando un lugar central en la vida de las personas en Chile, pero no de manera homogénea. Existen diferencias claras entre generaciones respecto de su significado, sus expectativas y el rol que cumple como espacio de estabilidad y proyección personal”.
En cuanto a las prioridades laborales, el estudio muestra una clara orientación hacia la seguridad. Un 66,5% de los chilenos privilegia un buen sueldo; un 61,7%, un buen ambiente laboral; y un 44,2%, la estabilidad. Estos factores superan ampliamente valores como la vocación o el sentido de pertenencia. A ello se suma que más del 60% de los encuestados percibe la automatización, la inteligencia artificial y la robotización como una amenaza real para el empleo tradicional.
Desde el Observatorio Social advierten que estos resultados abren un debate de fondo sobre políticas públicas, educación y cohesión social. “Cuando el trabajo deja de ser visto como una vía segura de integración y progreso, el país enfrenta un desafío estructural que excede al mercado laboral y toca directamente el modelo de desarrollo”, cuenta Estrella.
Miedo a perder el trabajo
Pese a este distanciamiento generacional, los niveles de satisfacción laboral se mantienen elevados: casi el 88% de las personas ocupadas declara estar satisfecha o muy satisfecha con su empleo.
No obstante, al ser consultados por el temor de quedar desempleados, un 59,5% respondió estar poco o nada preocupado, mientras que un 37,8% manifestó algún grado de inquietud.
Para el director del Observatorio Social de la Universidad del Alba, “esta convivencia entre una alta valoración simbólica del trabajo y dudas sobre su capacidad de asegurar estabilidad futura plantea desafíos relevantes para las políticas públicas, la educación y el debate sobre el modelo de desarrollo”.
Otro de los hallazgos más sensibles del informe se relaciona con la educación superior. Aunque tres de cada cuatro personas consideran que un título universitario es importante para alcanzar objetivos laborales, esta convicción se debilita entre los jóvenes y los sectores de menores ingresos. En paralelo, un 42,5% de los encuestados cree que hoy resulta más fácil ganar dinero siendo influencer que trabajando o estudiando, lo que tensiona el relato tradicional del mérito y la movilidad social.
“La promesa educacional aparece erosionada de manera desigual. Para muchos jóvenes, el esfuerzo formativo ya no asegura un horizonte laboral claro, y eso tiene efectos profundos no solo económicos, sino también sociales y culturales”, concluye Estrella.
Fuente: We Comunicaciones