Los incendios forestales que han afectado a la zona centro sur de Chile no solo han provocado graves daños materiales y ambientales, sino que también han generado un impacto significativo en la salud mental de miles de personas, en un contexto marcado por evacuaciones masivas, viviendas destruidas y decenas de comunas bajo alerta, tanto en quienes han vivido la emergencia de manera directa como en aquellas que permanecen expuestas a la incertidumbre y a la cobertura constante de la crisis.
El psicólogo y académico de ADIPA, Jaime Olivos, explica que las personas expuestas a incendios forestales suelen experimentar miedo, ansiedad, angustia, irritabilidad, alteraciones del sueño y dificultades de concentración, reacciones que son normales tras enfrentar una situación que pone en riesgo la vida y la sensación de seguridad. Estas emociones pueden aparecer durante la emergencia o manifestarse días después, y fluctuar con el paso del tiempo.
Según la Organización Mundial de la Salud, entre un 30% y un 40% de las personas expuestas a desastres naturales desarrollan síntomas psicológicos relevantes en las semanas posteriores al evento.
“Sentir miedo, ansiedad o enojo después de un incendio forestal es completamente esperable. Se trata de respuestas humanas normales frente a una experiencia extrema y potencialmente traumática”, señala el experto de ADIPA.
El especialista enfatiza que no es necesario haber perdido la vivienda para verse afectado emocionalmente. La evacuación, la amenaza del fuego, la incertidumbre sobre lo que ocurrirá y la exposición al peligro son suficientes para generar un alto nivel de estrés psicológico.
“Muchas personas se cuestionan por qué siguen sintiéndose mal si su casa no fue dañada, pero el cuerpo y la mente reaccionan al peligro vivido. No existe una forma correcta o incorrecta de sentirse después de una catástrofe”, agrega.
Incertidumbre, sobreexposición a noticias y efectos en niños
Uno de los factores que más incide en el malestar emocional es la incertidumbre prolongada, sumada a la exposición constante a noticias e imágenes impactantes sobre los incendios. Mantenerse en estado de alerta permanente puede intensificar la ansiedad, generar insomnio, irritabilidad y una sensación continua de amenaza. Por ello, el especialista recomienda informarse a través de fuentes oficiales, establecer horarios acotados para revisar noticias y permitir espacios de desconexión como parte del autocuidado.
Este impacto emocional es especialmente relevante en niños y adolescentes, quienes suelen vivir este tipo de emergencias con alto nivel de miedo e inseguridad. Es frecuente que presenten ansiedad de separación, pesadillas, cambios de conducta, dificultades de concentración o que recreen lo ocurrido a través del juego. En algunos casos, también pueden aparecer conductas regresivas, síntomas físicos asociados al estrés o aislamiento social.
“Los niños muchas veces no logran expresar con palabras lo que sienten, por lo que el malestar aparece en su comportamiento, en el sueño o en su relación con otros”, explica Olivos.
Padres y cuidadores deben estar atentos a señales de alerta como problemas de sueño persistentes, irritabilidad extrema, retraimiento, síntomas físicos recurrentes o un deterioro sostenido en el rendimiento escolar. Si estas reacciones se mantienen por varias semanas y afectan la vida cotidiana, se recomienda buscar apoyo profesional oportunamente.
En los casos donde los incendios han significado la pérdida de viviendas, recuerdos o del entorno natural, las personas pueden enfrentar procesos de duelo profundos, comparables a la pérdida de un ser querido. La casa y el paisaje no solo representan bienes materiales, sino también identidad, historia y sensación de protección.
“Perder el hogar o el entorno genera un duelo complejo que requiere tiempo, apoyo y contención. Hablar de lo ocurrido, mantener redes de apoyo y participar en procesos de reconstrucción ayuda a recuperar la sensación de control y esperanza”, concluye el académico de ADIPA.
Fuente: Comunícate 360